Breve historia de las Minas de ALMADÉN (Ciudad Real)

2 CIUDAD REAL, Minas de Almadén Añade un comentario

Situación:

Almadén se localiza al suroeste de la provincia de Ciudad Real, en la comarca del Valle del Alcudia, a una distancia de 100 km de la capital. Las Minas de Almadén se encuentran en un extremo del casco urbano de la localidad. El acceso al llamado Cerco minero es sencillo, siendo posible realizar una visita guiada del interior de la mina.

Historia:

No se sabe cuando comenzó la explotación de la Mina de Almadén, aunque es posible que se remonte a la época de los fenicios y cartagineses. Durante la dominación romana la mina tuvo una gran importancia, pues se convirtió en el principal centro de producción de bermellón del Imperio.

El bermellón no es otra cosa que cinabrio de gran riqueza, molido y lavado para eliminar las impurezas que contenía, generalmente de cuarzo. Se obtenía moliendo el cinabrio hasta reducirlo a polvo y, lavándolo varias veces se conseguía un color rojo muy potente. Con él se pintaban de este color múltiples cosas y objetos de lujo, desde los ojos de las estatuas de los emperadores hasta los coloretes de las mejillas de las patricias romanas.

La importancia de esta mina nos la muestra Teophrasto cuando decía que “se estimaba mucho el cinabrio duro y de finas arenas que procedía de Hispania” o Plinio cuando nos explica que “esta mina se cerraba con llave, la cual guardaba el gobernador de la provincia y cada vez que la había de abrir era necesario una orden del Emperador, y que se volvía a cerrar en sacando la cantidad suficiente para enviar a Roma”.

Una característica de la explotación en época romana es que la transformación del mineral se hacía en Roma, y no en Almadén. La utilización del mercurio o azogue por los romanos fue escasa, según Plinio el “argentum vivum (azogue virgen) que resuda el mineral, era útil para limpiar el oro de las impurezas”. El trabajo de la explotación fue llevado por esclavos, que tuvieron que aguantar un trabajo duro e insalubre.

La ubicación de la mina o minas de azogue explotadas por los romanos es un tema que aún hoy en día es controvertido. Actualmente se identifica a la lugar de La Bienvenida con la ciudad de Sisapo, aunque las minas de cinabrio, según Plinio, se encontraban en la región sisaponense, y no en la propia ciudad. Por ello, parece lógico pensar que la famosa mina era en realidad un conjunto formado por la minas de Las Cuevas, de Guadaperal (las cuales, al redescubrirse durante el S. XVIII, presentaban signos de haber sido explotadas por los romanos) y la mina de Almadén, que debido a una intensa explotación milenaria, ha borrado los restos de las antiguas explotaciones. La razón por la que el lugar de Sisapo se encontrase apartado de dichas minas se debe a que era también el centro gestor de todo un gran conjunto de minas que se localizan en esta zona de Sierra Morena.

Durante la baja romanidad y el reino visigodo, las minas tuvieron que bajar mucho su producción, aunque tanto San Agustín como San Isidoro de Sevilla hablan de la explotación de la Mina. Será durante el dominio islámico de al-Andalus cuando la Mina de Almadén adquiriese mayor importancia, cuando el azogue fuera utilizado en medicina y como amalgama del oro y de la plata. Una nueva utilidad que hasta el momento apenas había sido estudiada  en España, son las numerosas piezas de cobre sobredoradas al fuego (adornos de jaez, correaje, etc), y en las que el mercurio fue un componente esencial. Muchas de estas piezas de metal  han aparecido en las excavaciones arqueológicas de Calatrava La Vieja y en otros yacimientos medievales de la provincia, como es el de Alarcos.

Cerco minero de Almadén

Fue entonces cuando la Mina adquirió gran importancia, tomando incluso el nombre de al-madin (la mina, en árabe), dependiendo administrativamente de la ciudad de Qalat al-Rabat (Calatrava la Vieja, Carrión de Calatrava). Tal fue su importancia, que Ubu Fadi Allak´Omari, nos dice que “… al norte de Córdoba hay una mina, de la que se extrae azogue y cinabrio que son exportados al mundo entero”.

Tras la conquista castellana de la zona, entre el S. XII y XIII, las minas fueron donadas por Alfonso VIII a la Orden de Calatrava, quien siguió explotándolas y produciendo azogue, bermellón y solimán (sublimado corrosivo, que fundamentalmente se utilizaba para curtir cuero), que se distribuía por Europa, el Mediterráneo, e incluso a Asia.

A partir del S. XV, la Orden de Calatrava arrendó la Mina a genoveses y catalanes, quienes se hicieron cargo de la explotación y comercialización de sus productos. A partir de 1512 los beneficios de la mina pasaron a la Corona, como parte del maestrazgo de la Orden de Calatrava; siendo en 1523 cuando se hizo como única poseedora de la mina.

Con el descubrimiento de las minas de oro y plata de América y la aparición del método del patio para la amalgación de los minerales la demanda de azogue aumentó considerablemente,  pues gracias a la utilización del azogue se reducían los costes de producción y se conseguía que minas pobres en mineral fuesen rentables.

Durante el S. XVI la monarquía española arrendó las minas de Almadén a diferentes personas, destacando entre ellas la familia de los Fugger, llamados Fúcares en Castilla, quienes acabarán arrendando la mina a lo largo de más de un siglo, debido a que la Corona les tenía que ceder la renta de los maestrazgos a cambio de las importantes sumas de dinero que estos banqueros adelantaban. El arriendo de los Fugger en Almadén terminó en 1645, cuando esta casa entró en bancarrota; en ese momento, la Hacienda Real se hizo cargo de la Mina.

Uno de los grandes avances del S. XVII fue la instalación de los hornos de alaudeles, en 1646, por parte de Juan Alonso Bustamante, que irán sustituyendo paulatinamente a los hornos de xabecas. Con el fin de impedir las fugas de los presos, Mateo Naguelio ordenó construir en 1644 una galería que comunicaba la cárcel de forzados con el socavón de la mina del Pozo.

Puerta del Cerco de Buitrones. Mina de Almadén. S. XVIII.

El siglo XVIII comenzó con la explotación de la Mina del Castillo, cuando en 1697 se descubrieron muestras de roca de cinabrio en el corral de una casa cercana al castillo. Gracias a la explotación de esta mina, la producción de azogue aumentó considerablemente durante dicho siglo.

El siglo XIX se caracterizó por la práctica desaparición de los entibamientos de madera, sustituyéndolos por mampostería. La producción siguió siendo muy alta, apareciendo nuevos descubrimientos, como el de la Concepción Nueva de Almadenejos. Se introdujeron bombas mecánicas para el desagüe y ascensores para subir y bajar obreros y mineral. El último tercio del siglo se caracterizó por el arrendamiento en 1870 de la Mina a la familia Rostchild, quien se encargó de su explotación.

El siglo XX comenzó con la posibilidad de vender el establecimiento minero, y así se creó el Consejo de Administración de las Minas de Almadén y Arrayanes, con sede en Madrid, en 1918. Se encargó de modernizar el establecimiento minero, dotarlo de una central eléctrica, nuevos hornos y sistemas modernos de explotación, aunque sin llegar a convertir a Almadén en un centro puntero de la minería. Durante la Guerra Civil española, la mina no dejó de funcionar, y tras el conflicto el cinabrio se convirtió en un producto muy valioso de exportación debido a la gran necesidad de mercurio en la industria armamentística, ya que se utilizaba como fulminante en las armas. En todos estos años se utilizaron presos políticos para realizar trabajos forzosos en la mina, lo que contribuyó a conseguir en 1941 la mayor producción de mercurio de la historia. Hacia 1950 trabajaban en la mina unos 2.200 obreros.

Fue a partir de la década del 70 del siglo XX, cuando, por su carácter contaminante, comenzó a realizarse una campaña internacional en contra del uso del mercurio en una serie de usos industriales y agrícolas, lo que conllevó un descenso del consumo y del precio. De la década del 70 a la del 90, Almadén fue líder mundial en la producción y venta de mercurio virgen, aunque tuvo que reducir su producción para mantener los precios del mercado. En 1982 se creó la empresa pública Minas de Almadén y Arrayanes S.A. Debido a las directrices europeas y al cambio de los mercados, la explotación de la mina cesó definitivamente en el año 2003, acabando así una actividad minera que desde el S. IV a.C. había sido casi continua.

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