CALATRAVA LA VIEJA. Historia

Calatrava la Vieja Añade un comentario

            Si hay un yacimiento emblema de la empresa de arqueología NRT. Arqueólogos, ese es Calatrava La Vieja, mítica ciudad islámica y origen de la primera orden militar castellana. NRT, Arqueólogos, desde 1984, lleva trabajando en la investigación de este yacimiento.

            En la actualidad, el yacimiento de Calatrava la Vieja es propiedad de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, y forma parte de la red de Parques Arqueológicos de dicha Junta, dentro del Parque Arqueológico de Alarcos-Calatrava.

Su horario es:
Del 1 de octubre al 31 de marzo: viernes, sábados y domingos, de 10:30 a 14:00 y de 15:30 a 17:30 horas.

Del 1 de abril al 31 de mayo: viernes, sábados y domingos, de 10:30 a 14:00 y de 15:30 a 20 horas.

Del 1 de junio al 31 de agosto: abierto todos los días: de 10:00 a 14:30 y de 16:30 a 20 horas.

Del 1 al 30 de septiembre: viernes, sábados y domingos, de 10:30 a 14:00 y de 15:30 a 20 horas.

Tarifas:

- General: 4 €

- Niños con carnet joven y grupos de más de 10 personas: 2 €

Para más información: contactar con el Ayuntamiento de Carrión de Calatrava: 926 814081
Delegación Provincial de Ciudad Real. Tfno. 926 221337.

Mapa situación Calatrava la Vieja

            La ciudad de Calatrava (Qal’at Rabah), actual Calatrava la Vieja, fue fundada en época omeya (HIMYARI, ed. 1938: 196), en un emplazamiento en la orilla izquierda del río Guadiana, de alto valor estratégico, pero insalubre y casi con toda seguridad despoblado en aquel momento. Aunque se han detectado estructuras y materiales de la Edad del Bronce y de época ibérica, no se conocen restos que nos permitan sospechar la existencia de población en este lugar en épocas romana y visigoda.

            La primera mención documental conocida de Calatrava data de finales del s. VIII, Así, en 785, el emir de Córdoba, Abd al-Rahman I, persiguió al rebelde toledano Abu al-Aswad hasta la fortaleza de Calatrava (IBN AL-ATIR, ed. 1938: 132). No se conoce nada, en cambio, del epónimo Rabah, aunque lo más probable es que tome el nombre de su fundador o de la primera persona a la que le fuese encomendada su tenencia, como sucede con otras poblaciones de fundación andalusí de ese momento.

            En época omeya, Calatrava fue la capital de una extensa región dividida en numerosos “iqlim” (distritos). Los geógrafos árabes conocieron muy bien la región pantanosa situada al noreste de Calatrava, describiéndola como el lugar donde el Guadiana superior -nombre con el cual confundían numerosos cursos de agua como el Guijuela y el Riansares- desaparecía y reaparecía en varias ocasiones antes de emerger definitivamente junto a Qal’at Rabah.

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Calatrava la Vieja. Vista aérea del alcázar.

    Se hallaba situada en el centro de la submeseta sur, en un importante cruce de caminos al abrigo del cual adquiriría gran desarrollo urbano y un indudable valor geopolítico y estratégico. Por Calatrava pasaba la ruta principal entre Córdoba y Toledo, y también los caminos de Mérida a Calatayud y del Atlántico a Levante, lo que generaba un intenso tráfico comercial y la convertía, al mismo tiempo, en punto clave del sistema defensivo de la Meseta, cubriendo los accesos a Córdoba frente a los reinos cristianos del norte.

            El alto valor estratégico de su emplazamiento explica la riqueza de sus cinco siglos de vida en lo que a acontecimientos se refiere. Qal’at Rabah jugó un papel decisivo tanto en las luchas civiles que enfrentaron a los muladíes de Toledo con el poder central cordobés, como en las diversas rebeliones bereberes acontecidas en época omeya (RUIBAL, 1984: 56-60).

            Su importancia se acentuó a raíz de su casi total destrucción a manos de rebeldes toledanos en el año 853 y de su inmediata reconstrucción por al-Hakam, hermano del emir Muhammad I (IBN AL-ATIR, ed. 1938: 231), quien al año siguiente ordenó repoblarla con gentes venidas de la antigua capital visigoda de la región, Urit -la actual Oreto- (HIMYARI, ed. 1963: 328; Dirk…, ed. 1983: 157). A partir de esa fecha, y como cabeza de una amplia comarca de La Mancha, se convirtió en el punto más importante de apoyo del poder central cordobés, desempeñando un papel fundamental, por el flanco sur, en el cerco que se trataba de imponer a la rebelde Toledo (MANZANO, 1989: 344-6), y poseyendo incluso gobernadores nombrados directamente desde Córdoba (IBN HAYYAN, Muqtabis V, ed. 1981: 32).

Arco triunfal del alcázar desde el interior de la medina.

            Tras la abolición del Califato, en 1031, Calatrava gozó de cierta independencia y notable prestigio, al tiempo que los reinos taifas de Sevilla, Córdoba y Toledo se disputaban su posesión. Hasta la llegada de los almorávides, los gobernantes de Calatrava se debatirían alternativamente, casi siempre por decisión propia, entre las esferas de influencia de los reinos toledano y sevillano (RUIBAL, 1984: 60-61).

            La ciudad pudo pasar por vez primera a manos cristianas en 1085, después de la conquista de Toledo por Alfonso VI. Pero, de ser cierta, esta ocupación habría sido muy breve como consecuencia de la inmediata llegada de los almorávides, que, tras la batalla de Zalaqa (1086), se apoderaron de toda la región, llegando hasta las inmediaciones de Toledo. A partir de entonces, Qal’at Rabah se convertirá en el más importante núcleo islámico frente al Toledo cristiano.

            En 1147, en pleno declive del poder almorávide, la ciudad fue tomada por Alfonso VII (Primera Crónica General de España, ed. 1977: 650), convirtiéndose entonces en la plaza cristiana más avanzada frente a los musulmanes. Ante la dificultad que suponía la defensa de una región tan amplia y tras fracasar la encomienda dada a los templarios, Sancho III entregó la plaza a la Orden del Cister (1158), lo que dio lugar al nacimiento de la primera Orden Militar hispana, que adoptaría el nombre propio del lugar (JIMÉNEZ DE RADA, De Rebus…, lib. VII, cap. XIII ; ed. 1989, p. 281-2).

Vista aérea del alcázar con sus dependencias bajomedievales. Al fondo, la iglesia calatrava
Vista aérea del alcázar con sus dependencias bajomedievales. Al fondo, la iglesia calatrava .

            Como cabeza de la Orden de su mismo nombre, Calatrava permaneció integrada en el reino de Castilla hasta 1195, año en que los almohades la recuperarán para el Islam a raíz de su victoria sobre Alfonso VIII en la batalla de Alarcos. No obstante, el propio Alfonso VIII la retomará definitivamente en 1212, pocos días antes de la batalla de las Navas de Tolosa (JIMÉNEZ DE RADA, De Rebus…, lib. VIII, cap. VI; ed. 1989, p. 313-5).

            La plaza, que volvió inmediatamente a manos de la Orden de Calatrava, inició a partir de entonces un irreversible proceso de decadencia. La nueva realidad política de la región provocó la completa desarticulación de los condicionantes geoestratégicos que habían asegurado durante siglos la prosperidad de la ciudad. Ésta, ubicada en un lugar malsano y demasiado lejos de la nueva línea de frontera, no era ya la sede más adecuada para la Orden, cuya cabeza se trasladaría muy pronto (1217) a la antigua fortaleza calatrava de Dueñas, unos sesenta kilómetros más al sur, que a partir de ese momento sería conocida como Calatrava la Nueva. La antigua Calatrava, citada desde entonces como Calatrava la Vieja, quedó como cabeza de una encomienda más de la Orden. Pocas décadas después, la fundación de Villa Real (Ciudad Real) supondría la condena definitiva de la vieja ciudad del Guadiana: la ciudad regia no sólo sustituyó en importancia a Calatrava la Vieja a nivel comarcal, sino que, además, provocó un ligero desvío del camino de Córdoba a Toledo, dejando a Calatrava fuera de la principal ruta de la región.

            Así, el ya entonces pequeño asentamiento calatravo continuó languideciendo, sin llegar a alcanzar la Edad Moderna. En los primeros años del siglo XV, la sede de la Encomienda fue trasladada a Carrioncillo -hoy Carrión de Calatrava-. A comienzos del siglo XVI, Calatrava aparece ya completamente abandonada, convertida en un despoblado arruinado próximo al viejo camino entre Andalucía y Toledo, tal como demuestra el testimonio de dos ilustres viajeros de la época, Fernando Colón y Andrés Navagero, quienes hacia 1520 y en 1526, respectivamente, se desviaron un poco de él para visitar las ruinas de la que fue antigua ciudad:

            “Calatraua la bieja hera çibdad despoblada e hera en tiempo de moros de doçientos vezynos e tiene las casas muy fuertes de tierra e tiene aun fortaleza e estan en pie los palacios del rrey moro e no mora en ella nadie por ser doliente por cabsa de los olores del guadiana que pasa junto con ella por la parte de malagon e tenia en tiempos moros e agora tiene una caba que se sale de guadiana llena de agua e arrida la villa e tornase a entrar en el rrio e lleva la cabeça del maestrazgo” (COLON, ed. 1910: 261 y 264).

            “Una legua más alla de Carrioncillo se pasa el Guadiana, dejando á la derecha la ciudad de Calatrava, situada en un cerro entre unos riscos que la circundan como fortísima muralla, pero está arruinada y desierta por los malos aires que en ella reinan á acusa del rio, que es allí pantanoso y está lleno de juncos y cañas como una laguna” (NAVAGERO, ed. 1983: 69).

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