Conferencia sobre las excavaciones de Calatrava la Vieja 2014

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SEMANA DE LA CIENCIA. Madrid: Conferencias de Rosario Cebrián y Manuel Retuerce sobre las Excavaciones Arqueológicas realizadas en 2014 en Segóbriga (Cuenca) y Calatrava la Vieja (Ciudad Real), respectivamente, por el Área de Arqueología de la Fac. de Geografía e Historia de la Universidad Complutense de Madrid dentro del Programa de Investigaciones sobre Arqueología de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha. Días 6 y 11 de noviembre de 2014.

CALATRAVA LA VIEJA: relación de la Bibliografía según el orden cronológico de publicación.

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RELACIÓN CRONOLÓGICA DE LOS ESCRITOS RELATIVOS A CALATRAVA LA VIEJA (Carrión de Calatrava, Ciudad Real), TRAS  31 AÑOS DE EXCAVACIONES E  INVESTIGACIONES EN EL YACIMIENTO ARQUEOLÓGICO.

NOTA: Muchos de ellos se pueden bajar en PDF a través de la Categoría del Blog nº 7: Libros y artículos en PDF

1.- Manuel Retuerce & Isidoro Lozano (1986): “Calatrava la Vieja: Primeros resultados arqueológicos”. Actas del I Congreso de Arqueología Medieval Española. Huesca, Abril 1985. Tomo III, p. 57-75. Zaragoza.

2.- Arturo Morales, Ruth Moreno & M.A. Cereijo (1988): “Calatrava la Vieja: Primer informe sobre la fauna de vertebrados recuperada en el yacimiento almohade. Primera parte: Mamíferos”. Boletín de Arqueología Medieval, 2, p. 7-48.

3.- Germán Prieto & Alfonso Martín (1988): “Dos tumbas de la maqbara de Calatrava la Vieja”. Boletín de Arqueología Medieval, 2, p. 125-135.

4.- Manuel Retuerce & Juan Zozaya (1989): “Un sistema defensivo hidráulico autónomo: Calatrava la Vieja” III Congreso de Arqueología Medieval Española. Oviedo, 1989. Tomo II. p. 353-359. Oviedo.

5.- Adolfo Luis Aguilar (1990): “Calatrava la Vieja: Primer informe sobre la fauna de vertebrados recuperada en el yacimiento almohade. Segunda parte: Aves”. Boletín de Arqueología Medieval, 4, p. 285-309.

6.- Juan Zozaya (1990): “Un cipo funerario procedente de Calatrava la Vieja”. Boletín de Arqueología Medieval, 4, p. 311-320.

7.- Roselló, Eufrasia & Arturo Morales (1991): “Calatrava la Vieja: Primer informe sobre la fauna de vertebrados recuperada en el yacimiento almohade. Tercera parte: Peces”. Boletín de Arqueología Medieval, 5, p. 113-133.

8.- Manuel Retuerce (1992): “La Meseta islámica como tierra de frontera”. En: Alarcos, 1195. El fiel de la balanza, 81-99. Toledo.

9.- Manuel Retuerce (1994): “Calatrava la Vieja. Diez años de investigación arqueológica”. En:Arqueología en Ciudad Real, p. 211-241. Patrimonio Histórico-Arqueología. Castilla-La Mancha, 8. Toledo.

10.- Juan Zozaya, Manuel Retuerce & Alfredo Aparicio (1995): “Cerámica andalusí de reflejo dorado: 1195-1212″. 5ème Colloque sur la Céramique Médiévale  (Rabat, 1991), p. 121-124. Rabat.

11.- Manuel Retuerce (1996): “Documentación arqueológica de una ciudad almohade de la Meseta: Calatrava”. Alarcos, 1195. Actas del congreso internacional conmemorativo del VIII Centenario de la batalla de Alarcos. (Ciudad Real, 1995), p. 211-222. Ciudad Real.

12.- Manuel Retuerce & Antonio de Juan (1999): “La cerámica almohade en verde y manganeso de la Meseta”. Arqueología y Territorio Medieval, 6, 241-260. Actas del Coloquio: La cerámica andalusí. 20 años de investigación. Universidad de Jaén. Jaén, Octubre, 1997. Jaén.

13.- Manuel Retuerce (1999): “Calatrava la Vieja”. En: Itinerario cultural de Almorávides y Almohades. Magreb y Península Ibérica. Fundación El Legado andalusí. Granada.

14.- Manuel Retuerce & Miguel Ángel Hervás (1999): “Calatrava la Vieja. Fortificación de una ciudad islámica de la Meseta”. Castillos de España, 113, p. 23-43.

15.- Manuel Retuerce (1999): “Calatrava la Vieja. Últimos descubrimientos sobre su arqueología y urbanismo”. Qurtuba. Estudios andalusíes, 3, p. 246-250.

16.- Miguel Ángel Hervás & Manuel Retuerce (1999): “La gran sala con piscina. ¿Un baño árabe en el alcázar de Calatrava la Vieja?”. En: I Jornadas de Patrimonio Histórico en Ronda“Baños árabes. Arqueología y Restauración” (Ronda, 1998). Eds. Manuel Acién; Pedro Aguayo & José Manuel Castaño. p. 129-161. Ronda.

17.- Manuel Retuerce & Miguel Ángel Hervás (2000): “Calatrava. Capital de La Mancha”. La Aventura de la Historia. 21 (julio, 2000), p. 84-91.

18.- Miguel Ángel Hervás & Manuel Retuerce (2000): “Calatrava la Vieja, capital islámica de la región”. El patrimonio arqueológico de Ciudad Real. Métodos de trabajo y actuaciones más recientes. Luis de Benítez de Lugo Enrich (coord.), p. 297-322. Valdepeñas.

19.- Miguel Ángel Hervás, Manuel Retuerce & Jacques Thiriot (2000): “La fabrication du plâtre au début du XXe siècle à Calatrava-la-Vieja. (Castille-La Mancha, Espagne). Maison et installations de la plâtrière Juana la «Perdía»”. Arts du feu et productions artisanales. XXe Rencontres Internationales et d’Histoire d’Antibes. (1999). p. 505-517. Antibes.

20.- Manuel Retuerce (2002): Fichas: “tercio de dinar de Abderramán III, dinar almorávide, jarras de vidrio y jarra de reflejo dorado”. En Catálogo: La Lección del Tiempo. Toledo.

21.- Manuel Retuerce & Miguel Ángel Hervás (2002): “Calatrava la Vieja: de medina a encomienda”. En: Mil anos de fortificações na Península Ibérica e no Magreb (500-1500). Actas do Simposio Internacional sobre castelos. Palmela, 2000, p. 311-317. Lisboa.

22.- Manuel Retuerce & Miguel Ángel Hervás (2004): “Excavaciones arqueológicas en Calatrava la Vieja. Planteamientos y principales resultados”. En: Investigaciones arqueológicas en Castilla-La Mancha. 1996-2002Patrimonio Histórico-Arqueología. Castilla-La Mancha, 18, p. 381-393. Toledo.

23.- Miguel Ángel Hervás & Manuel Retuerce (2005): “La medina de Calatrava la Vieja en el s. XIII. Una primera aproximación”. En: Arqueología y territorio medieval, 12.2. p. 147-188. Jaén.

24.- Miguel Ángel Hervás, Antonio de Juan & Manuel Retuerce (2006): “Alarcos y Calatrava. Un territorio unido por el Guadiana. Investigación, restauración y difusión”. En: Al-Ândalus. Espaço de mudança. Balanço de 25 anos de história e arqueologia medievais. Seminario Internacional. Homenagem a Juan Zozaya Stabel-Hansen. Mértola, 16-18 de mayo de 2005. pp. 86-100. Mértola.

25.- León Hernández-Canut; Miguel Ángel Hervás & Manuel Retuerce (2006): “La circulación monetaria en tiempos de Alfonso X. Un hallazgo de Calatrava la Vieja”. En El mundo urbano en la Castilla del siglo XIII, Vol. 2, pp. 141-155, Sevilla, 2006.

26.- J. Thiriot, Miguel Ángel Hervás & Manuel Retuerce (2008): “Prélèvement pour la datation par archéomagnétisme sur les tours de l’alcázaba de Calatrava la Vieja”.  En: Cerâmica medieval e pós-medieval. Métodos e resultados para o seu estudo. Actas das 4ª jornadas. Tondela (octubre, 2000). Tondela. p. 87-94.

27.- J. Barrio & J. Chamón (eds.) Manuel Retuerce & alli (autores) (2008): Proyecto Dorados. Tecnología, conservación y restauración de los metales dorados medievales. Tecnología y conservación del Patrimonio Arqueológico/II. Universidad Autónoma de Madrid. Madrid. ISBN: 978-84-612-7978-4.

28.- Manuel Retuerce; Miguel Ángel Hervás & Antonio de Juan (2009): “La cerámica islámica de Calatrava la Vieja y Alarcos. Nuevos hallazgos”. VIII Congreso Internacional de Cerámica Medieval en el Mediterráneo. Ciudad Real-Almagro, 2006. 2 vol. p. 729-758.

29.- Manuel Melero; Manuel Retuerce & Miguel Ángel Hervás (2009): “Cerámica del siglo XIII en Calatrava la Vieja (Ciudad Real)”. VIII Congreso Internacional de Cerámica Medieval en el Mediterráneo. Ciudad Real-Almagro, 2006. 2 vol. p. 759-772.

30.- Miguel Ángel Hervás; Manuel Retuerce & Jacques Thiriot (2009): “Ensayo de prospección cartografiada sobre una zona de alfares en Calatrava la Vieja (Carrión de Calatrava, Ciudad Real, España)”. VIII Congreso Internacional de Cerámica Medieval en el Mediterráneo. Ciudad Real-Almagro, 2006. 2 vol. p. 995-1004.

31.- Rubén Pérez & Manuel Retuerce (2009): “Tinajas impresas bajomedievales con caligrafía procedentes de Calatrava la Vieja”. VIII Congreso Internacional de Cerámica Medieval en el Mediterráneo. Ciudad Real-Almagro, 2006. 2 vol. p. 1005-1013.

32.- Miguel Ángel Hervás & Manuel Retuerce (2009): “Calatrava la Vieja, primera sede de la Orden Militar de Calatrava”. En: Ángel Madrid Medina & Luís Rafael Villegas Díaz (eds.): El nacimiento de la orden de Calatrava. Primeros tiempos de expansión (siglos XII y XIII), Actas del I Congreso Internacional con motivo del 850 aniversario de la fundación de la Orden de Calatrava, 1158-2008 (Almagro, octubre 2008), pp. 83-140 (Ciudad Real, Instituto de Estudios Manchegos, 2009).

33.- Ramón Gallego; Francisco José Cuenca; Miguel Ángel Hervás & Manuel Retuerce (2009): “Plan de recuperación de los molinos hidráulicos de ribera del Alto Guadiana. De los Ojos de Villarrubia al embalse de El Vicario (Ciudad Real)”. En: V Congreso Internacional de Molinología. Alcázar de San Juan, 2005. p. 565-578. Toledo.

34.- J. Barrio; J. Chamón; E. Catalán; P.C. Gutiérrez; M. Arroyo; A.I. Pardo; M. Martínez y M. Retuerce (2009): “Restauración de una hebilla dorada procedente de la ciudad de Qalat Rabah (Ciudad Real)”. MetalEspaña’08. Congreso de Conservación y Restauración del Patrimonio Metálico. Madrid, 2008. Eds. Joaquín Barrio Martín y Emilio Cano Díaz. Tecnología y Conservación del Patrimonio Arqueológico, III. p. 226- 231.

35.- Miguel Ángel Bru; Manuel Retuerce & Mercedes Farjas (2011): “Presentación de un nuevo Sistema de Gestión Global en Arqueología: CVSIG, una infraestructura de datos espaciales en Arqueología”. En: V Simposio Internacional de Arqueología de Mérida sobre Sistemas de Información Geográfica y Análisis Arqueológico del Territorio. Mérida, Noviembre de 2007.Anejos de AEspA, LIX. Ed. Victorino Mayoral & Sebastián Celestino). p. 517-527.

36.- J. Francisco Blanco; M. Ángel Hervás & Manuel Retuerce (2012): “Una primera aproximación arqueológica al oppidum oretano de Calatrava la Vieja (Carrión de Calatrava, Ciudad Real)”.Estudios de lenguas y epigrafía antiguas. ELEA, 12. p. 85-150.

37.- M. Ángel Hervás & Manuel Retuerce (2013): “Calatrava la Vieja: elementos de fortificación de la primera sede de la Orden de Calatrava”. En: Castelos das Ordens militares. Vol. I. Encontro internacional Castelos das Ordens militares. Tomar, 10-13, Octubre, 1212. Lisboa, p. 171-192.

38.- M. Ángel Hervás & Manuel Retuerce (2014): “Usos hidráulicos urbanos en el Alto Guadiana en la Edad Media: Calatrava la Vieja”. En: Las Tablas y los Ojos del Guadiana: agua, paisaje y gente(Miguel Mejías Moreno. Ed.). p. 105-146.

Campaña de excavaciones Arqueológicas en Calatrava la Vieja. 2014

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Desde 1984 los trabajos arqueológicos en CALATRAVA LA VIEJA (Carrión de Calatrava. Ciudad Real) han formado parte de los programas de excavación de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, y que este año de 2014 vuelve a subvencionarlos. En esta ocasión, la gestión la hará Universidad Complutense de Madrid a través del Vicerrectorado de Investigación

Como en las campañas anteriores, la dirección científica estará a cargo de Miguel Ángel Hervás Herrera y de Manuel Retuerce Velasco, Prof. de Arqueología del Dep. de CC. y TT. Historiográficas y de Arqueología de la Facultad de Geografía e Historia de la UCM.

1/ Enlace al resumen del Proyecto arqueológico de 2014 (Ver PDF)

2/ Enlace a la ficha de preinscripción para particpar como estudiante en la Campaña de 2014 (Ver PDF).

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Calatrava la Vieja. Vista aérea del alcázar.

 

 

 

Primera intervención arqueológica en la Mina de ALMADÉN (Ciudad Real)

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El final de la explotación minera en Almadén dejó sin utilidad un complejo minero de grandes dimensiones y un alto valor histórico e industrial. Por este motivo, se optó por crear un centro turístico bajo la temática de la minería del cinabrio y el mercurio, que consiguiese mantener las instalaciones en buen estado y mitigar el impacto económico negativo que para la población de Almadén suponía el cierre de la explotación.

La actuación arqueológica que se llevó a cabo en la Mina de Almadén se proyectó en dos partes muy diferentes:

1ª- Un seguimiento arqueológico estricto de los movimientos de tierras que se produjeran en el interior del Cerco minero, producidas por la apertura de zanjas de servicios. De este modo se trataba de documentar los restos arqueológicos del subsuelo y se impediría la destrucción de elementos significativos.

2ª- La excavación y acondicionamiento de ciertas zonas que, si bien cuando la mina se encontraba en activo, no tenían una función relevante, sí que la tuvieron en otro periodo de la explotación; y ahora que la mina se ha convertido en un elemento histórico, ha sido preciso recuperarlas por su valor histórico. Estas actuaciones se pueden dividir en cuatro áreas concretas:

A/ El Pozo de San Aquilino. Se trata del pozo más antiguo de la Mina y actualmente es el que tiene una maquinaria más tradicional. Por este motivo, era preciso acondicionarlo para su conservación.

Central eléctrica antes de su desaparición.

B/ La Central eléctrica. La primitiva central eléctrica, que fue destruida en 1970, se encontraba dentro de un espacio dedicado a jardines, por lo que se decidió descubrir parte de sus sótanos para así dejar constancia de un edificio que fue tan importante para el desarrollo de la minería.

C/ La recuperación de la calzada empedrada que comunicaba las puertas de Carros y de Carlos IV.

D/ La excavación de los alrededores del horno Bustamante, único conservado de este tipo de horno de alaudeles, restaurado en 2003.

Resultados: el resultado obtenido tras la intervención arqueológica cumplió el doble objetivo inicial:

- 1/ realizar un seguimiento de las zanjas de servicios, documentando los restos arqueológicos encontrados y para así tomar la decisión más idónea en cada momento. Que fueron desde la cancelación de la realización de la zanja que se había, su desvío o el desmonte de los restos encontrados tras su documentación en los casos imprescindibles,

- 2/ y la excavación puntual en varias áreas donde era preciso recuperar elementos patrimoniales de gran interés para explicar la evolución de la minería en los últimos siglos.

Restos del primitivo edificio de San Aquilino

Pozo de San Aquilino. Se trata del pozo más antiguo de la Mina, que al principio recibía el nombre pozo de La Grúa. Antes de la intervención, los alrededores del pozo se encontraban llenos de escombros y malezas, dando una muy mala imagen al conjunto.

En esta intervención se han sacado a la luz los restos del edificio que protegía al pozo antes de la construcción del castillete metálico, la planta del edificio que contenía la máquina de vapor del ascensor del pozo, así como, el hueco preparado para poner la maquinaria. También, en todo el área, se documentaron los restos del sistema de raíles utilizados para sacar las vagonetas con el mineral, y una caseta de pequeñas dimensiones que servía como refugio para los zafreros y como almacén de herramientas.

Central eléctrica. Frente al edificio de oficinas, que se pretendía que fuera el Centro de recepción de visitantes del Centro cultural, existía una explanada que servía de aparcamiento, y que tras la intervención que se proyectaba iba a convertirse en zona verde. El espacio coincidía con la planta de la primera central eléctrica construida en el complejo minero hacía 1920 y destruida  en 1970. Nuestra excavación sacó a la luz la planta completa del edificio, parte de sus sótanos y los huecos de la maquinaría.

Zona excavada de la antigua Central eléctrica

La central eléctrica, que funcionaba mediante motores diesel, marcó un punto de inflexión en la historia de la Mina unida a la creación del Consejo de Administración de la Minas de Almadén y Arrayanes en 1918, pues sería el punto de partida de una profunda transformación y modernización. Tras la excavación, se pidió que los restos de este edificio quedarán integrados dentro de la zona ajardinada.

Calzada entre la puerta de Carros y la de Carlos IV. El aumento de las carretas de bueyes cargadas de azogue hacia Sevilla hizo que se cambiase la ruta tradicional, llamada el camino de la Plata, por otra que aún siendo más larga era más cómoda y segura. Para que la Nueva Ruta del Azogue fuese un camino ancho y seguro se construyeron entre 1778 y 1796 diez leguas de camino empedrado con un gran número de puentes y alcantarillas, con la finalidad de que los arroyos y temporales no paralizaran el tránsito. Fue en este mismo periodo cuando se construyó la puerta de Carlos IV, que fue acabada en 1795.

Calzada junto a la cerca, entre las Puertas de Carros y de Carlos IV

En una limpieza realizada con anterioridad, se descubrió en la zona sur de dicha Puerta una calzada empedrada con cuarcita, en buen estado de conservación y que parecía que comunicaría con la puerta de Carlos IV.

Los resultados actuales han sido muy satisfactorios, ya que se descubrió un tramo de calzada de 55 m de longitud por 5,10 m de ancho, perfectamente empedrada con piedra mediana de cuarcita. La calzada presentaba una ligera depresión central para canalizar el agua de lluvia.

Horno Bustamante. Los hornos Bustamante son un tipo de horno inventados por Lope Saavedra Barba en la minas de azogue de Huancavelica (Perú) y traídos a Castilla, a mediados del S. XVII, por Juan Alonso de Bustamante.

Horno Bustamante o de aludeles

De un conjunto muy grande de hornos, en la actualidad, sólo se conservaba una pareja de ellos, con una restauración realizada en 2003. Dicha intervención había excluido su entorno, por lo que era preciso realizar una excavación en la zona más inmediata para que así se mostrara el conjunto tal y como era durante el S. XVIII.

Los hallazgos principales a destacar fueron:

A/ El sistema de aprovechamiento de los desechos de la cochura, mediante un sistema de canales subterráneos y un sistema de pilares de decantación.

B/ En la zona al oeste del horno se documentaron unos empedrados asociados al horno con un sistema de drenaje compuesto por canalizaciones y piletas de decantación, para recuperar el mercurio que se podía escapar al vaciar y limpiar el horno e incluso el mercurio que en forma de vapor se condensaba con la lluvia.

 

Intervención arqueológica en la iglesia de Ntra. Sra. de la Asunción de SOCUÉLLAMOS

Socuéllamos. Iglesia de la Asunción 0 Comentarios »

Situación:

Socuéllamos se encuentra en el extremo oeste de la provincia de Ciudad Real, en el centro geográfico de La Mancha. Fue cabeza de una de las más importantes encomiendas de la Orden de Santiago —la tercera por su extensión—.

Parroquia de Ntra. Sra. de la Asunción. Socuéllamos

La iglesia de Nuestra Señora de la Asunción se sitúa en el extremo noreste de la población; en una zona baja y llana, conocida como La Acequia, junto al río Córcoles, y que fue el original asiento de esta localidad. Por su posición, estaba sujeta a constantes y graves inundaciones. Así, tras la gran riada ocurrida en 1555, que produjo muchas destrucciones y la contaminación de las aguas, se tomó la decisión de trasladar la población a una posición no muy aljada a la antigua pero algo más elevada. Fue por esta razón, por la que la que aún sigue siendo la iglesia parroquial de Socuéllamos, quedó en una posición muy exccentrica con respecto al nucleo urbano actual.

Descripción de la iglesia:

Se trata de un edificio exento de grandes proporciones (803,79 m2 útiles), con una planta basilical de cruz latina de tres naves —las dos laterales, truncadas a los pies— y ábside poligonal, tanto al exterior como al interior, a cuyo lateral sureste se adosa la sacristía. El transepto está marcado tanto en planta como en altura, y el edificio en su conjunto aparece reforzado por varios contrafuertes de fábrica al exterior.

Está construido con mampostería careada de piedra caliza. Las naves laterales, el primer tramo de la nave central, el transepto y las capillas que lo prolongan por sus extremos están cubiertos con bóvedas de crucería con nervaduras y plementos de sillería caliza. Las bóvedas de las naves y el transepto están soportadas por cuatro grandes pilares cilíndricos —los dos centrales exentos—, también de sillería caliza.

Cabeza de un posible Profeta encontrado durante la intervención arqueológica

El campanario, que se adosa a la fachada oeste de la nave central, está construido con fábrica mixta de mampostería careada y sillería caliza; tiene planta cuadrada, cuatro cuerpos de altura y remata con un chapitel con cubierta de pizarra, siguiendo el estilo herreriano. Los dos cuerpos inferiores del campanario son ciegos, en tanto que los dos superiores presentan varios vanos para el alojamiento de las campanas –dos en cada lado del tercer cuerpo, y uno en cada lado del cuarto-, todos ellos rematados con arcos de medio punto. Esta torre ardió la noche del 30 de mayo de 1903, al dispararse un cohete a la terminación de una Salve; por lo que la actual, 17 m más alta que la antigua, es de la primera mitad del siglo XX.

La sacristía, construida con mampostería careada y carente de contrafuertes, está cubierta por un artesonado de madera del siglo XVI, de notable calidad.

La traza general del edificio se inscribe dentro del estilo tardogótico, con  algunos elementos renacentistas. Fue edificado a lo largo del siglo XVI, aunque cuenta con reformas del siglo XX, tales como la construcción de la capilla situada en el extremo meridional del transepto, que reproduce fielmente la del lado norte, original del siglo XVI y parte de la torre del campanario.

Objetivos de la intervención arqueológica:

La intervención arqueológica en el interior de la iglesia del año 2005 estuvo motivada por las obras de instalación de la calefacción. La excavación se centró en la realización de una serie de zanjas en el interior del edificio, en paralelo a los muros norte, sur y oeste, para la instalación de un sistema de calefacción de aire conducido; así como la excavación de la torre del Campanario, donde iban a colocarse las calderas.

Resultados de la excavación arqueológica:

Parte superior del individuo nº 26, con el cráneo desplazado en origen

Los hallazgos arqueológicos encontrados pueden considerarse abundantes, si tenemos en cuenta que únicamente se excavó una pequeña parte de la iglesia, y que no se agotó la estratigrafía arqueológica en ningún momento. En los aproximadamente 100 m de zanjas se documentaron un total de 54 inhumaciones individuales —muchas de ellas destruidas por otros enterramientos o por las diversas reformas realizadas en el edificio—, 6 osarios y un buen número de elementos constructivos, reflejo de la evolución arquitectónica de la iglesia. Estos enterramientos se dividían en varias tandas que marcaban las diversas fases cronológicas, que van desde el siglo XVI hasta principios del XIX.

El análisis se centró principalmente en la observación de las características de los diferentes tipos de enterramientos —

Restos de un rosario del enterramiento nº 63

fosas en tierra, cajas de madera— y de los detalles concretos del rito de inhumación —postura de la cabeza, de las manos y los pies, y el ajuar asociado al cadáver—. En este sentido, cobra especial importancia la aparición de toda una colección de cuencos de cerámica vidriada en tonos verdes y melados principalmente, bastante atípica en los enterramientos de esta época. A parte de estas piezas cerámicas, los ajuares encontrados fueron escasos, documentando varios rosarios y algunas medallas y cruces de pequeño tamaño.

Dentro de la torre del campanario se documentó un gran depósito de materiales colocados intencionadamente en este sitio, seguramente tras una reforma. Entre ellos, cabe destacar un amplio conjunto de platos vidriados en blanco y

El individuo nº 36 presentaba, a modo de ajuar, un amplio conjunto de cuencos, algunos de ellos rellenos de huesos

azul y de escudillas en tonos melados y verdes. Igualmente, apareció la cabeza de una escultura en piedra de algún santo —quizás un profeta— que formaría parte de un retablo o de la decoración de la entrada.

Al realizar las zanjas se documentó un conjunto de elementos constructivos que permitió conocer la evolución histórica del edificio. Dentro de estos elementos, destacan las cimentaciones de un conjunto de retablos de obra, ya desaparecidos, que existían adosados a las paredes de la iglesia y que aparecen en los Libros de visita de la orden de Santiago del S. XVIII. También se documentó parte de los muros de la iglesia primitiva medieval, que era más estrecha que la actual.

Breve historia de las Minas de ALMADÉN (Ciudad Real)

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Situación:

Almadén se localiza al suroeste de la provincia de Ciudad Real, en la comarca del Valle del Alcudia, a una distancia de 100 km de la capital. Las Minas de Almadén se encuentran en un extremo del casco urbano de la localidad. El acceso al llamado Cerco minero es sencillo, siendo posible realizar una visita guiada del interior de la mina.

Historia:

No se sabe cuando comenzó la explotación de la Mina de Almadén, aunque es posible que se remonte a la época de los fenicios y cartagineses. Durante la dominación romana la mina tuvo una gran importancia, pues se convirtió en el principal centro de producción de bermellón del Imperio.

El bermellón no es otra cosa que cinabrio de gran riqueza, molido y lavado para eliminar las impurezas que contenía, generalmente de cuarzo. Se obtenía moliendo el cinabrio hasta reducirlo a polvo y, lavándolo varias veces se conseguía un color rojo muy potente. Con él se pintaban de este color múltiples cosas y objetos de lujo, desde los ojos de las estatuas de los emperadores hasta los coloretes de las mejillas de las patricias romanas.

La importancia de esta mina nos la muestra Teophrasto cuando decía que “se estimaba mucho el cinabrio duro y de finas arenas que procedía de Hispania” o Plinio cuando nos explica que “esta mina se cerraba con llave, la cual guardaba el gobernador de la provincia y cada vez que la había de abrir era necesario una orden del Emperador, y que se volvía a cerrar en sacando la cantidad suficiente para enviar a Roma”.

Una característica de la explotación en época romana es que la transformación del mineral se hacía en Roma, y no en Almadén. La utilización del mercurio o azogue por los romanos fue escasa, según Plinio el “argentum vivum (azogue virgen) que resuda el mineral, era útil para limpiar el oro de las impurezas”. El trabajo de la explotación fue llevado por esclavos, que tuvieron que aguantar un trabajo duro e insalubre.

La ubicación de la mina o minas de azogue explotadas por los romanos es un tema que aún hoy en día es controvertido. Actualmente se identifica a la lugar de La Bienvenida con la ciudad de Sisapo, aunque las minas de cinabrio, según Plinio, se encontraban en la región sisaponense, y no en la propia ciudad. Por ello, parece lógico pensar que la famosa mina era en realidad un conjunto formado por la minas de Las Cuevas, de Guadaperal (las cuales, al redescubrirse durante el S. XVIII, presentaban signos de haber sido explotadas por los romanos) y la mina de Almadén, que debido a una intensa explotación milenaria, ha borrado los restos de las antiguas explotaciones. La razón por la que el lugar de Sisapo se encontrase apartado de dichas minas se debe a que era también el centro gestor de todo un gran conjunto de minas que se localizan en esta zona de Sierra Morena.

Durante la baja romanidad y el reino visigodo, las minas tuvieron que bajar mucho su producción, aunque tanto San Agustín como San Isidoro de Sevilla hablan de la explotación de la Mina. Será durante el dominio islámico de al-Andalus cuando la Mina de Almadén adquiriese mayor importancia, cuando el azogue fuera utilizado en medicina y como amalgama del oro y de la plata. Una nueva utilidad que hasta el momento apenas había sido estudiada  en España, son las numerosas piezas de cobre sobredoradas al fuego (adornos de jaez, correaje, etc), y en las que el mercurio fue un componente esencial. Muchas de estas piezas de metal  han aparecido en las excavaciones arqueológicas de Calatrava La Vieja y en otros yacimientos medievales de la provincia, como es el de Alarcos.

Cerco minero de Almadén

Fue entonces cuando la Mina adquirió gran importancia, tomando incluso el nombre de al-madin (la mina, en árabe), dependiendo administrativamente de la ciudad de Qalat al-Rabat (Calatrava la Vieja, Carrión de Calatrava). Tal fue su importancia, que Ubu Fadi Allak´Omari, nos dice que “… al norte de Córdoba hay una mina, de la que se extrae azogue y cinabrio que son exportados al mundo entero”.

Tras la conquista castellana de la zona, entre el S. XII y XIII, las minas fueron donadas por Alfonso VIII a la Orden de Calatrava, quien siguió explotándolas y produciendo azogue, bermellón y solimán (sublimado corrosivo, que fundamentalmente se utilizaba para curtir cuero), que se distribuía por Europa, el Mediterráneo, e incluso a Asia.

A partir del S. XV, la Orden de Calatrava arrendó la Mina a genoveses y catalanes, quienes se hicieron cargo de la explotación y comercialización de sus productos. A partir de 1512 los beneficios de la mina pasaron a la Corona, como parte del maestrazgo de la Orden de Calatrava; siendo en 1523 cuando se hizo como única poseedora de la mina.

Con el descubrimiento de las minas de oro y plata de América y la aparición del método del patio para la amalgación de los minerales la demanda de azogue aumentó considerablemente,  pues gracias a la utilización del azogue se reducían los costes de producción y se conseguía que minas pobres en mineral fuesen rentables.

Durante el S. XVI la monarquía española arrendó las minas de Almadén a diferentes personas, destacando entre ellas la familia de los Fugger, llamados Fúcares en Castilla, quienes acabarán arrendando la mina a lo largo de más de un siglo, debido a que la Corona les tenía que ceder la renta de los maestrazgos a cambio de las importantes sumas de dinero que estos banqueros adelantaban. El arriendo de los Fugger en Almadén terminó en 1645, cuando esta casa entró en bancarrota; en ese momento, la Hacienda Real se hizo cargo de la Mina.

Uno de los grandes avances del S. XVII fue la instalación de los hornos de alaudeles, en 1646, por parte de Juan Alonso Bustamante, que irán sustituyendo paulatinamente a los hornos de xabecas. Con el fin de impedir las fugas de los presos, Mateo Naguelio ordenó construir en 1644 una galería que comunicaba la cárcel de forzados con el socavón de la mina del Pozo.

Puerta del Cerco de Buitrones. Mina de Almadén. S. XVIII.

El siglo XVIII comenzó con la explotación de la Mina del Castillo, cuando en 1697 se descubrieron muestras de roca de cinabrio en el corral de una casa cercana al castillo. Gracias a la explotación de esta mina, la producción de azogue aumentó considerablemente durante dicho siglo.

El siglo XIX se caracterizó por la práctica desaparición de los entibamientos de madera, sustituyéndolos por mampostería. La producción siguió siendo muy alta, apareciendo nuevos descubrimientos, como el de la Concepción Nueva de Almadenejos. Se introdujeron bombas mecánicas para el desagüe y ascensores para subir y bajar obreros y mineral. El último tercio del siglo se caracterizó por el arrendamiento en 1870 de la Mina a la familia Rostchild, quien se encargó de su explotación.

El siglo XX comenzó con la posibilidad de vender el establecimiento minero, y así se creó el Consejo de Administración de las Minas de Almadén y Arrayanes, con sede en Madrid, en 1918. Se encargó de modernizar el establecimiento minero, dotarlo de una central eléctrica, nuevos hornos y sistemas modernos de explotación, aunque sin llegar a convertir a Almadén en un centro puntero de la minería. Durante la Guerra Civil española, la mina no dejó de funcionar, y tras el conflicto el cinabrio se convirtió en un producto muy valioso de exportación debido a la gran necesidad de mercurio en la industria armamentística, ya que se utilizaba como fulminante en las armas. En todos estos años se utilizaron presos políticos para realizar trabajos forzosos en la mina, lo que contribuyó a conseguir en 1941 la mayor producción de mercurio de la historia. Hacia 1950 trabajaban en la mina unos 2.200 obreros.

Fue a partir de la década del 70 del siglo XX, cuando, por su carácter contaminante, comenzó a realizarse una campaña internacional en contra del uso del mercurio en una serie de usos industriales y agrícolas, lo que conllevó un descenso del consumo y del precio. De la década del 70 a la del 90, Almadén fue líder mundial en la producción y venta de mercurio virgen, aunque tuvo que reducir su producción para mantener los precios del mercado. En 1982 se creó la empresa pública Minas de Almadén y Arrayanes S.A. Debido a las directrices europeas y al cambio de los mercados, la explotación de la mina cesó definitivamente en el año 2003, acabando así una actividad minera que desde el S. IV a.C. había sido casi continua.

Excavación arqueológica en el castillo de CORNATEL. León

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El castillo de Cornatel. Al fondo, la sierra del Caurel, ya en Galicia.

Intervención arqueológica de 2005:

Los trabajos arqueológicos en el castillo de Cornatel se realizaron en el año de 2005, de acuerdo con el Plan Director de Restauración elaborado por el arquitecto Fernando Cobos Guerra. El proyecto específico de la restauración y de la actuación arqueológica, con vistas a su recuperación y puesta en valor, fue realizado por el mismo arquitecto en 2004, por encargo de la Fundación del Patrimonio Histórico de Castilla y León y la Diputación Provincial de León. En dicho proyecto se contemplaba la supervisión y excavación arqueológica a lo largo de dicha obra, cuya dirección correspondió a Manuel Retuerce y Luis García, de NRT Arqueólogos S.L.

La actuación arqueológica que se realizó en el castillo tenía como principales objetivos el desescombro del interior de la fortaleza y la ayuda y asesoramiento a la Dirección de Obra en las labores de restauración del edificio en todo lo concerniente a la interpretación constructiva y evolutiva de la historia del castillo. Contaba, además, con el trabajo previo de unos sondeos arqueológicos realizados en 2004. Y todo ello, con el fin de que el lugar pudiera ser acondicionado para la visita y que una buena parte de la fortaleza conociera una recuperación parcial de sus estructuras.

Croquis de la planta del castillo de Cornatel.

Descripción de los restos hallados en la intervención arqueológica:

Rampa mulera de acceso al castillo de Cornatel.

El acceso principal del castillo se localiza en el ángulo noroeste de la fortaleza y está compuesto por una rampa mulera que conduce a la puerta principal, muy bien defendida por un complejo sistema de saeteras.

Tras cruzar la puerta nos encontramos con el patio de armas del castillo. Éste está dominado en todo momento por los afloramientos rocosos, que son los que condicionan la ubicación de los edificios circundantes. Destaca aquí el espolón rocoso del extremo este, aprovechado como otero.

Detalle de los restos del palacio del conde de Lemos y de la puerta de entrada al castillo.

El extremo oeste del castillo está formado por un basamento constructivo, muy potente, que sirve de base a la zona palacial. Es el sector menos protegido, por lo que los elementos defensivos cobran en este punto una mayor relevancia. El basamento tiene planta rectangular (22 m x 12 m aproximadamente), y su fábrica está compuesta de grandes lanchas de piedra pizarrosa dispuestas en plano y trabadas con abundante argamasa de cal y arena. Sobre sus laterales norte, oeste y sur, formando parte de una única obra, existen gruesos muros con 3,25 m de anchura y entre 2 y 2,50 m de altura conservada. Sobre el borde este sólo permanece la huella de un muro desaparecido que no tuvo más de 1 m de ancho. Sobre este basamento se asentó, ya en época muy posterior, por una parte, la muralla del castillo, y por otra, el palacio bajomedieval del conde de Lemos. Éste último aprovechó casi toda la fábrica previa para colocar sobre ella un gran edificio de dos alturas con cubierta a dos aguas, con una galería cubierta en el lateral este, donde se encuentran el acceso al edificio y las escaleras de comunicación entre plantas. No obstante, en los laterales oeste y sur queda un pasillo en “L” entre los muros de palacio y la propia muralla que fue utilizado en un primer momento pero que más tarde, durante el marquesado de Villafranca, sería rellenado voluntariamente para la colocación en la parte más alta de piezas de artillería defensiva.

En el frente norte, inmediatamente al este de la puerta de entrada de la fortaleza nos encontramos con el conjunto formado por la Sala doméstica, su galería y el aljibe. Este conjunto es independiente pero está comunicado, mediante el adarve sobre la puerta de entrada al castillo, con el edificio principal del palacio. La gran sala doméstica utilizó la muralla norte como cierre, amortizando su almenado. Se trata de un gran edificio (13 m x 7 m) con cubierta a dos aguas, cuya planta alta tenía un uso residencial y la inferior, donde los afloramientos rocosos ocupan gran parte del espacio, estaba dedicada a la estabulación o a almacenes. Directamente comunicado con la sala doméstica, hay un aljibe que ocupa el interior de una torre cuadrangular de gruesos muros. Éste contaba con un sistema de recogida de aguas de lluvia, revocos hidráulicos de almagra y estaba cubierto por una bóveda. Al exterior, se localiza una galería cuya parte baja comunicaba la entrada de la sala doméstica con el patio principal y la cámara de tiro que defiende la entrada. La parte alta de la misma, construida en madera, comunicaba la sala noble de la sala doméstica, la parte alta de la torre del aljibe, sobre su bóveda, y los adarves que cruzan sobre la puerta de entrada llevando a la planta noble del edificio principal, con lo que las plantas nobles estaban comunicadas directamente sin necesidad de pasar por el patio.

Torre exenta encontrada durante la excavación del castillo.

Al este de la sala doméstica, sobre la parte más alta de este sector del cerro, se localizó la torre norte. Era una torre exenta de mampostería, que es previa al conjunto de la fortaleza bajomedieval. Cuenta con planta cuadrada de 8 m x 8 m, y su interior es hueco. Esta torre, al igual que el resto de estructuras, se adaptó totalmente al terreno, contando ahora con una altura máxima de 2,40 m y mínima de sólo una hilada. Podría tratarse de una de las estructuras que sobrevivieron al ataque al castillo de los Irmandiños en 1467.

Muralla sur del castillo. Se muestra los mechinales que sostenían el adarve volado de madera.

En la zona entre la torre norte y la sala doméstica se excavaron los huecos entre muros que anteceden a las cámaras de tiro de este sector. Estos huecos fueron rellenados voluntariamente durante el marquesado de Villafranca para la colocación de artillería defensiva.

Por último, la casa colgada no fue objeto de intervención arqueológica, y en la torre del homenaje tan sólo se identificó su nivel de uso. También se limpiaron los adarves de la muralla sur, dejando a descubierto los mechinales que soportaban el adarve volado de madera.

Evolución cronológica de la fortaleza: 

Probable basamento romano sobre el que se levanto el castillo bajomedieval de Cornatel.

El elemento constructivo más antiguo del castillo Cornatel es un gran basamento situado en el extremo occidental de la fortaleza. Con respecto al mismo, no podemos aún establecer su función concreta —quizás militar o religiosa—  ni indicar una cronología absoluta —tal vez, romana, en relación con las cercanas “Médulas”—, indicando tan sólo su gran antigüedad. De todas formas, es muy posible que el basamento nunca fuera finalizado.

Tras un gran lapso de tiempo se levantaría la torre norte, de época plenomedieval. Es una torre cuadrangular que se localiza en la mitad del cerro, en una de los puntos más dominantes del mismo. De factura muy diferente al resto de los aparejos del castillo del conde de Lemos, se trata de una obra anterior, aunque también medieval —¿ss. XIII-XV?—. Es muy posible que fuera a ella a la que se refieren diversos documentos escritos del tiempo del conde de Lemos, en relación con los desperfectos habidos en el castillo de Cornatel, y dentro de los sucesos que acaecieron en las rebeliones de los Irmandiños (1467).

Restos del palacio del conde de Lemos dentro del castillo de Cornatel.

El grueso del recinto amurallado es de mediados del siglo XV y, seguramente, posterior a 1467, obra de Pedro Álvarez Osorio. El mismo conde de Lemos, durante el último tercio del siglo XV, fue el artífice de las reformas que dieron lugar al palacio y a los edificios con él relacionados, todo ello pensado para ser el lugar de retiro de dicha persona.

Durante el marquesado de Villafranca, ya en el siglo XVI, se llevaron a cabo algunas obras de acondicionamiento defensivo de la fortaleza ante la nueva artillería, que ya por estos años había adquirido gran protagonismo. Esas obras pretendían reforzar los puntos de la fortaleza susceptibles de ser atacados con artillería, y consistieron básicamente en el rellenado de huecos para dar consistencia a la muralla y ganar espacio para la colocación de la artillería defensiva. No obstante, algunas de las obras proyectadas, como el desdoblamiento de la muralla sur entre la torre del homenaje y el palacio, no llegaron a ejecutarse. Resultado de las mismas fue la calera “fosilizada” encontrada en el patio.

Tras este período, el castillo de Cornatel fue abandonado, siendo sólo reutilizado para usos ganaderos. Por último, la leyenda que lo envuelve propició la excavación de numerosos y grandes agujeros en busca de fabulosos tesoros inexistentes o de objetos míticos como el Santo Grial.

Bibliografía: 

  • Cobos Guerra, Fernando & de Castro Fernández, José Javier (1998): Castilla y León. Castillos y Fortalezas. León.
  • Cobos Guerra,  Fernando; Retuerce Velasco, Manuel  & Escudero Navarro, Zoa (2009): El castillo de Cornatel, en Priaranza del Bierzo, León. Fundación del Patrimonio Histórico de Castilla y León. Cuadernos de Restauración nº 9. Madrid.

Breve historia del castillo de CORNATEL (Priaranza del Bierzo. León)

4 LEÓN, Castillo de Cornatel 0 Comentarios »

Situación:

El castillo de Cornatel se localiza, adaptándose perfectamente al terreno, en lo alto de una peña que domina desde el sur todo el Bierzo. Se sitúa en al borde mismo del precipicio en tres de sus costados, y sólo es accesible por el lado de la carretera. Se llega a él siguiendo la N-120 (dirección Orense), después de atravesar el río Sil, Priaranza del Bierzo y Santalla. Tras tomar el desvío de Villavieja, una estrecha carretera conduce, entre viñas y prados, tras algo más de 2 km, al pie del castillo de Cornatel. Desde allí, un sendero empinado y con revueltas, que se abre en la frondosa vegetación, conduce a la puerta de entrada original del castillo.

Historia: 

Aún con unos posibles antecedentes de la Plena Edad Media que lo identifican con el castillo de Urvel, y que tendrían que ser corroborados y precisados, la mayor parte de las estructuras del actual castillo de Cornatel se comprenden entre los ss. XIV y XV, durante la posesión señorial. La evolución del castillo y, a la vez, el transcurrir de la historia comarcal, a lo largo de esos dos siglos bajomedievales, sería la siguiente:

En el año de 1388, un primer Pedro Álvarez Osorio recibe de Juan I de Castilla los señoríos de la Cabrera y Ribera, con los castillos de Peñarramiro, Peñavellosa, Serracín y Comatel. Poco después (1394), Pedro Enríquez, que estaba casado con Isabel de Castro, una descendiente del linaje de los Castro, recibió las villas de Ponferrada y Villafranca, que así volvieron a quedar asociadas a uno de los más importantes linajes de la nobleza gallega —la rama gallega del linaje de los Castro fueron los poseedores del castillo de Ponferrada entre 1340 y 1374—. A la muerte de Pedro Enríquez, sucedida en 1400, heredó su hijo Fadrique, duque de Arjona, que además era también señor de Lemos, Trastámara, Sarriá, Ponferrada y Villafranca.

Castillo de Cornatel desde el Este

Es así, que, a caballo de los siglos XIV y XV, el Bierzo quedaba dividido entre algunos de los más sobresalientes representantes de la poderosa nobleza gallega, con dos señoríos locales y algunos dominios monacales, que aún conservaban cierta pujanza en la zona. La localidad de Villafranca, sin estar fortificada, actuaba de centro representativo neutral, al amparo de la tradición del camino de Santiago, donde las distintas familias nobles hacían fundaciones o promovían enterramientos.

Pero en el segundo tercio del siglo XV los distintos señoríos bercianos van a concentrarse en manos de Pedro Álvarez Osorio, nieto de la anterior persona del mismo nombre. Circunstancias históricas de diversa índole y la extraordinaria personalidad de este Osorio propiciaron que la mayor parte de las fortificaciones que hoy se conservan en El Bierzo lleven su impronta o sean consecuencia directa o indirecta de sus acciones.

Este Pedro Álvarez Osorio, un auténtico señor de “horca y cuchillo”, era hijo de Rodrigo Osorio Valcárcel, quien había heredado los señoríos de los Osorio y de los Valcárcel. Sin embargo, el otro señorío berciano mencionado antes, el de los Castro, se había dispersado a la muerte del duque de Arjona, producida en 1430: Ponferrada pasó a la mujer del duque, y desde ella a los Manrique; Villafranca, al obispo de Santiago; y Lemos y Sarriá, a la Corona. Pedro Álvarez Osorio obtendrá ahora los condados de Lemos y Sarriá y comprará Villafranca.

Castillo de Cornatel desde el Oeste.

En 1432, siguiendo una vida auténticamente novelesca, había “raptado” del convento a la hermana del duque de Arjona, Beatriz de Castro, y merced a su matrimonio con ella había conseguido recuperar Ponferrada en 1440. Se convirtió así en el señor absoluto del Bierzo y en el noble más importante de Galicia a mediados del siglo XV.

Cornatel, al igual que las otras fortificaciones del conde, sufrirá en ese momento una importante transformación. Así, en casi todas ellas es posible distinguir tres grandes periodos constructivos que se corresponden con las diversas vicisitudes que atravesó el señorío. La primera modernización de sus fortalezas parece corresponderse con la construcción en el castillo de Ponferrada de las torres de Cabrera, Caracoles y la parte exterior de la de Monclín, y tenía como objeto reforzar las defensas de la cerca vieja de la villa ante un eventual ataque de los Manrique, poco conformes con la cesión del lugar al conde de Lemos. La obra se caracteriza por presentar todas sus torres abiertas por la gola —por el muro que da al interior de la fortaleza—, para que no se pudiera ofender desde ellas al Castillo Viejo, lo que indica que éste seguía siendo la fortaleza principal de Ponferrada, y que el espacio de la cerca vieja aún no albergaba el grueso de las estancias palaciales.

Con esta referencia, Comatel presenta una torre de iguales características —abierta por la gola—, que podría ser de este periodo, aunque en Ponferrada la reforma también supuso la aparición de las primeras troneras de artillería, cuando las fortalezas se adaptan a las nuevas tecnologías bélicas; por el contrario, en Cornatel, aún perduraron las saeteras simples.

La muerte de la esposa del conde, Beatriz de Castro, producida en 1455, dividió el señorío berciano al heredar Ponferrada y Villafranca su hijo, Alonso Osorio. Sin embargo, la muerte de Alonso, acaecida en 1467 sin descendencia legitima dejará un bastardo, Rodrigo, que finalmente será legitimado por su abuelo. Así, se volvió a concentrar todos los estados bercianos bajo el dominio de Pedro Álvarez Osorio.

Castillo de Cornatel desde el Sureste, junto al camino de acceso.

Precisamente en ese año de 1467 los Irmandiños asolarán muchas de las fortalezas de la nobleza gallega y tras tomar y destruir prácticamente todos los castillos de Galicia y el Bierzo caerán sobre Ponferrada, donde el conde de Lemos, refugiado en él junto a otros nobles gallegos, conseguirá derrotarlos. Los destrozos que los Irmandiños provocaron en las fortalezas obligaron al conde de Lemos a iniciar una nueva campaña de obras en ellas. La abundante documentación escrita conservada nos habla de reconstrucciones casi completas en la fortaleza de Peñaramiro, en la comarca de la Cabrera, los castillos de Monforte de Lemos, Sarria y Castro Caldelas en Galicia, y Balboa, Serracín, Corullón y Comatel, donde se conservó una torre, en el Bierzo.

Interior del castillo de Cornatel antes de la intervención arqueológica de 2005.

El pacto entre Pedro Álvarez Osorio y el conde de Benavente de 1472, por el cual el hijo de éste último, Luís Pimentel, que casaría con la hija del conde de Lemos, Juana Osorio Bazán, y que recibiría los estados de Pedro Álvarez Osorio si éste no tenia hijos varones, podría ser falso, aunque el matrimonio finalmente sí que se consumó, lo que permitió al conde de Lemos mantener todos sus estados hasta su muerte, acaecida en el castillo de Comatel, en 1483. Sin embargo, algunos años antes de su muerte, el conde ya había decidido dejar sus estados a su nieto bastardo, Rodrigo Osorio.

El problema sucesorio no afectaba directamente a Cornatel, pues era un castillo de la rama de los Osorio y no de los Castro. Debió ser por esta razón por la que el Conde se retiro a él, con su mujer y sus hijas, en espera de la llegada de la muerte. Para ello habilitó diversas estancias en él. De esta forma, Rodrigo tenía el campo libre para controlar los otros castillos aunque ello no impidió que tras la muerte del conde cercara el castillo, siendo liberado el sitio por las tropas del conde de Benavente.

Bibliografía:

  • Cobos Guerra, Fernando & de Castro Fernández, José Javier (1998): Castilla y León. Castillos y Fortalezas. León.
  • Cobos Guerra,  Fernando; Retuerce Velasco, Manuel  & Escudero Navarro, Zoa (2009): El castillo de Cornatel, en Priaranza del Bierzo, León. Fundación del Patrimonio Histórico de Castilla y León. Cuadernos de Restauración nº 9. Madrid.

Breve historia de CASTROTORAFE y su castillo (San Cebrián de Castro. Zamora)

6 ZAMORA. Castrotorafe 0 Comentarios »

Situación:

El actual despoblado de Castrotorafe (San Cebrián de Castro. Zamora), totalmente amurallado, se encuentra en la orilla izquierda del río Esla, sobre un terreno amesetado que tiene una brusca caída hacia el río, y entre dos pequeños barrancos que desaguan en éste. El acceso es fácil por el frente Este, donde se situaba la antigua puerta hacia la que se dirige un camino, que parte de la cercana carretera N-620 (Zamora-Benavente), poco antes de Fontanillas de Castro. Dicha carretera discurre en paralelo a la antigua Vía de la Plata. El castillo, en concreto, se localiza en el extremo noroeste del despoblado.

Historia:

Esencialmente el castillo de Castrotorafe está compuesto por parte del recinto amurallado de los siglos XII y XIII, un cierre o atajo que conforma su cuerpo principal construido a finales del XIII o principios del XIV y una barrera artillera construida entre 1474 y 1480.

Desde el punto de vista de los orígenes históricos de la villa medieval de Castrotorafe, actualmente un despoblado, no debe descartarse la existencia previa de poblaciones o aldeas dispersas que no habían sido reorganizadas aún por la refundación de una ciudad; tal como ocurrió en la vecina Zamora a partir del 893, cuando la nueva estructura ciudadana permitió, a decir de las crónicas árabes, que “las gentes de la frontera fueran a tomar sitio en ella“.

Fue a esta población de Castrotorafe a la que en 1129 Alfonso VII y su mujer, Berenguela, concedieron fuero y delimitaron su alfoz, apareciendo por primera vez un “concejo” de Castrotorafe, indicativo de la existencia de una puebla fortificada. De esta época debe datar la construcción de la primera muralla que rodea la villa. Muralla que permite su nominación como castro, con independencia de la pervivencia de la memoria o incluso de algunos restos de un castro prerromano. Su importancia estratégica aumentó al producirse la independencia de Portugal. Es posible que Castrotorafe apoyase a los separatistas lusos por lo que el rey manda derribar sus murallas. Pues así, en 1153, se manifestaba Alfonso VII al segregar parte del alfoz de Castrotorafe en favor de Moreruela: “qua feci destruere muros de Castro Turafe“.

Castrotorafe

Muralla de Castrotorafe, junto al río Esla (Zamora)

Tras la separación de los reinos de Castilla y León, Castrotorafe alcanzó nuevas cotas de importancia estratégica y Fernando II se vio obligado a cambiar la actitud real con Castrotorafe y decidió potenciar la villa. Esta actividad revitalizadora quedó reflejada en las crónicas: “este rey donFernando poblo … Castrotorafe en el obispado de Zamora.”

La Orden de Santiago, fundada en 1175, será precisamente la que, en 1176, reciba Castrotorafe como donación real: “villam dictam Castro Torafper terminus novinssimos et antiquos“. Dos años después de ello, en 1178, dicha Orden otorgó fuero a la villa de Castrotorafe.

Durante esos años Castrotorafe debió formarse como villa y su cerca englobaba una superficie de 10 Ha; pero no existen vestigios reconocibles de un castillo correspondientes a esta épocas. Se detectan dos etapas constructivas: una primera compuesta por muros de tapial de tierra y otra, de tapial de tierra con cara exterior de mampuestos de muy pequeño tamaño. De momento, sin una previa documentación o una excavación arqueológica, no se puede decir si dichas fábricas son coetáneas o proceden, a su vez, de dos procesos constructivos distintos, puesto que no se ha encontrado ningún punto en el que uno de los dos tipos de estructuras se superponga al otro.

Eventualmente este recinto fortificado tenía un foso, del que se conservan vestigios importantes, y se situaba en lo alto de una pequeña elevación; en parte, posiblemente artificial. La cara externa de estos muros presentaba paños fuertemente ataludados y se detectan sólo dos torres de muy pequeña sección, de planta circular, situadas en las esquinas noreste y noroeste del recinto, incluida actualmente esta última dentro del castillo.

En una segunda etapa se regruesó la muralla por el exterior con un muro de tapial de cal y canto y mampostería, ligeramente seleccionada en las caras pero sin perder la disposición de cajas o bataches según las zonas En el siglo XIV, a parte del castillo, la muralla sufrió algunas reformas muy importantes.

Con la unificación definitiva de los reinos de Castilla y León con Fernando III, Castrotorafe fue perdiendo gran parte de su importancia estratégica, hasta que a finales del siglo XIII la puebla leonesa se vió envuelta en las disputas civiles que afectaron a la sucesión de Sancho IV y a las minorías de Fernando IV y Alfonso XI durante las regencias de María de Molina. Una de las crisis más importantes de está época fue la sublevación del infante don Juan, hijo de Alfonso X y hermano, por tanto, de Sancho IV, que se proclamó rey independiente de León y tuvo bajo su dominio gran parte de los territorios del antiguo reino en la Meseta norte. Su sublevación fue favorecida por otros infantes rebeldes: “E ellos e don Alfonso, que se llamava rey de Castilla, don Juan, que se llamava rey de Leon, y Juan Nuñez de Laralabraron aquella moneda en estos lugares que aqui se diran: “en Leon e en Castrotorafe e en Dueñas e en Osma e en Deza“.

La recuperación del valor estratégico de Castrotorafe implicó algunas reformas en la muralla y, básicamente, supuso un reforzamiento de sus fábricas sin alterar ni el trazado ni los elementos defensivos, y la construcción de un castillo de dominio feudal que permitió al rebelde infante don Juan ejercer el control efectivo de la puebla, sin que ésta hubiera dejado de ser legalmente un dominio o al menos un usufructo de la Orden de Santiago. El propio infante don Juan en su testamento de 1319 dice: “En nombre de Diosamen. Conocida cosa sea a todos quantos esta carta vieren como yo el infante  don Juan, fijo del mui noble rei don Alfonso señor de Vizcaya … ordeno e fago mio testamento … otro si mando que entreguen al mio finamiento Castro Torafe la villa e el castillo con todas las labores que y hovieren fechas al maestre e al convento de la orden de Santiago de que la io tengo para en mios dias“.

Castrotorafe dominando el puente sobre el río Esla

Como se puede ver en la documentación escrita, el castillo debió ser construido por el infante Don Juan antes del 1319 y se formalizó con un doble muro en escuadra, del que se conserva el frente sur, con tres torres, y el inicio del frente este con la puerta principal. La torre del ángulo era posiblemente la torre del homenaje y sólo se conserva una pared en la que se abre la puerta de ingreso, a la que se accedía por un puente levadizo según se desprende de la documentación anexa. Una de las torres macizas de este frente pudo ser la torre de San Juan que se describe en la visita de 1504, advocación curiosa si se tiene en cuenta que Castrotorafe es una encomienda de la orden de Santiago y que obedece seguramente al homenaje, o auto-homenaje mas bien, del infante Don Juan en su santo patronímico.

Poco después, la encomienda de Castrotorafe volvió a la Orden de Santiago y, en 1333, Alfonso XI autoriza a Vasco Rodríguez, su maestre por entonces, para que éste pueda elegir cinco judíos (que no fueran de Zamora o de Toro) que fuesen a habitar a Castrotorafe y que cobre sus pechos y contribuciones.

Castrotorafe recuperó repentinamente el protagonismo estratégico durante la guerra de Sucesión de Enrique IV, y que enfrentó a los futuros Reyes Católicos con la princesa Juana y su esposo, Alfonso V, rey de Portugal. En estas circunstancias bélicas, que tuvieron en las tierras de Zamora y Toro sus más enconados enfrentamientos, sucedió que: “creyendo el rey don Alfonso encontrar desprevenidos a los moradores de Castrotorafe … reunió … todas las tropas de que a la sazón disponía, y repentinamente, el 13 de noviembrede 1475, cayó sobre la villa, la tomó y trató de combatir el castillo; pero viendo que la empresa no era tan fácil y advertido de que la Reina enviaba desde Valladolid refuerzos a la guarnición, permitió a su gente robar las haciendas de los habitantes, y con el botín recogido regreso a Zamora“.

Al año siguiente, eran los Reyes Católicos los que cercaban a las tropas portuguesas en la fortaleza de Zamora y llegaron secretamente a un acuerdo con el alcaide de dicha fortaleza, Alfonso de Valencia. Por este acuerdo “la alcaidía de Castrotorafe se dio a Alfonso de Valenciaa quien inmediatamente y por orden de don Fernando la cedió don Juan Enríquez,comendador de la Orden de Santiago, a fin de conseguir luego la entera y pacifica posesión de tan importante villa y con ello facilitar al rey donFernando ulteriores empresas contra el enemigo. Rindiose el castillo de Zamora el 19 de marzo de 1476“.

Castillo de Castrotorafe dominando el río Esla

Alfonso de Valencia empezó entonces obras de refuerzo del castillo, que posiblemente coincidan con la construcción de la barrera perimetral para artillería, asegurando de esta forma su dominio personal de la encomienda y adaptando la vieja fortaleza del XIV al empleo de la artillería, entonces en boga y que tantos disgustos le había dado al propio Alfonso de Valencia cuando defendía contra ella el castillo de Zamora. Para estas obras pretendió obligar a los vecinos de la próxima aldea de Pajares a conducir materiales para las obras del castillo, provocando la revuelta de éstos, que Valencia sofocó con sus tropas, y un pleito que fallaron los RRCC a favor de Pajares en 1481. Poco antes, a finales de 1480, la Corona apercibía al mariscal Alfonso de Valencia “para que habiéndose cumplido por parte de SSAA lo capitulado con él al entregarles la fortaleza de Zamora, entregue la de Castrotorafe a don Alfonso Enríquez, conde de Alba de Aliste“.

Hasta mediados del siglo XVI el castillo debió encontrarse en relativas buenas condiciones; e incluso, a principios del XVII (1604), se seguían haciendo reparaciones. Sin embargo, en 1688, se decía: “En quanto a la villa de Castrotorafe esta arrasada y sin habitacion alguna sino es la iglesia y esta necesita de muchos reparos y la cerca de dicha villa esta toda aportillada y caida y el castillo y fuerte en quanto a la canteria esta bueno pero la bivienda del palacio que avia en el toda esta arrasada e inabitable y se tiene noticia que en tiempo que fue comendador el señor conde de Benavente dicho palacio se avitaba y en dicho castillo avia armas y tiros y al presente no ay cosa alguna“.

Tras más de dos siglos y medio de progresivo y creciente abandono, las ruinas fueron finalmente declaradas B.I.C. en 1931.

Bibliografía:

  • Cobos Guerra, Fernando & de Castro Fernández, José Javier (1998): Castilla y León. Castillos y Fortalezas. León.

Intervención arqueológica en la muralla medieval de HUETE (Cuenca): Puerta de Daroca

3 CUENCA. Muralla de Huete 0 Comentarios »

Muralla de Huete (Cuenca). Puerta de Daroca desde el interior, hacia 1897.

Durante el mes de mayo de 2009, a iniciativa del Ayuntamiento de Huete (Cuenca), se llevó a cabo la intervención arqueológica en un tramo de unos 11 m de longitud de la muralla urbana de la ciudad de Huete , ubicado junto a la antigua Puerta de Daroca. Dicha intervención, con carácter de urgencia, estaba motivada por la necesidad de documentar este sector de la muralla antes de acometer en ella cualquier tipo de restauración o consolidación ante su mal estado de conservación. El encargo de la intervención arqueológica fue realizado por el Ayuntamiento de Huete.

Sondeo en la muralla de Huete. Zócalo de mampostería encofrada de la muralla de tapial. Fase emiral (ss. IX-X)

Por dificultades presupuestarias, la intervención consistió básicamente en el estudio de los alzados de muralla visibles intramuros, y en la realización de un pequeño sondeo a sus pies. Aún así, el estudio realizado aportó datos relevantes acerca de las defensas urbanas de la localidad a lo largo de buena parte de la Edad Media.

En concreto, la muralla urbana de Huete, en el sector de la Puerta de Daroca, posee diferentes fases constructivas que, ocupando un mismo espacio, se sustituyen, reaprovechan o refuerzan entre sí, pero siempre respetando la ubicación de la mencionada puerta, cuya existencia es permanente desde su origen hasta la actualidad en forma de calle de acceso a la población.

Como resumen, en la intervención arqueológica realizada en este sector de la muralla urbana de Huete se documentaron hasta tres fases constructivas:

1.- La más antigua, fechada en época emiral (siglos IX-X), fue la formada por una torre de tapial de tierra que flanqueaba la Puerta de Daroca por el sur, y un tramo de muralla de tapial de tierra, levantada sobre un zócalo de mampostería encofrada, que desde dicha torre continuaba en dirección sur.

Muralla de Huete. Tramo a intramuros. Muestra todas las fases medievales (S.IX-XII)

Muralla de Huete. Forro exterior del tramo andalusí. Fase castellana (S.XII).

2.- Posteriormente, las anteriores defensas fueron sustituidas, reparadas o complementadas por una nueva torre semicircular, que envolvió la anterior, y un nuevo lienzo de muralla que sustituyó al antiguo —ahora, empleando una mampostería encofrada—. Esta segunda fase se correspondería también con el periodo andalusí, pero quizás ya dentro de una fase almorávide (1ª mitad del siglo XII).

3.- La última actuación sobre las defensas en esta zona de la muralla se dataría poco después de la conquista castellana de Huete, datándose probablemente en la segunda mitad del siglo XII. Consistió en el adosamiento por el exterior de una potente muralla de mampostería concertada y de una gran torre cuadrangular de mampostería encintada que dobló el grosor de las defensas torreadas del anterior dominio andalusí.

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