Breve historia de las Minas de ALMADÉN (Ciudad Real)

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Situación:

Almadén se localiza al suroeste de la provincia de Ciudad Real, en la comarca del Valle del Alcudia, a una distancia de 100 km de la capital. Las Minas de Almadén se encuentran en un extremo del casco urbano de la localidad. El acceso al llamado Cerco minero es sencillo, siendo posible realizar una visita guiada del interior de la mina.

Historia:

No se sabe cuando comenzó la explotación de la Mina de Almadén, aunque es posible que se remonte a la época de los fenicios y cartagineses. Durante la dominación romana la mina tuvo una gran importancia, pues se convirtió en el principal centro de producción de bermellón del Imperio.

El bermellón no es otra cosa que cinabrio de gran riqueza, molido y lavado para eliminar las impurezas que contenía, generalmente de cuarzo. Se obtenía moliendo el cinabrio hasta reducirlo a polvo y, lavándolo varias veces se conseguía un color rojo muy potente. Con él se pintaban de este color múltiples cosas y objetos de lujo, desde los ojos de las estatuas de los emperadores hasta los coloretes de las mejillas de las patricias romanas.

La importancia de esta mina nos la muestra Teophrasto cuando decía que “se estimaba mucho el cinabrio duro y de finas arenas que procedía de Hispania” o Plinio cuando nos explica que “esta mina se cerraba con llave, la cual guardaba el gobernador de la provincia y cada vez que la había de abrir era necesario una orden del Emperador, y que se volvía a cerrar en sacando la cantidad suficiente para enviar a Roma”.

Una característica de la explotación en época romana es que la transformación del mineral se hacía en Roma, y no en Almadén. La utilización del mercurio o azogue por los romanos fue escasa, según Plinio el “argentum vivum (azogue virgen) que resuda el mineral, era útil para limpiar el oro de las impurezas”. El trabajo de la explotación fue llevado por esclavos, que tuvieron que aguantar un trabajo duro e insalubre.

La ubicación de la mina o minas de azogue explotadas por los romanos es un tema que aún hoy en día es controvertido. Actualmente se identifica a la lugar de La Bienvenida con la ciudad de Sisapo, aunque las minas de cinabrio, según Plinio, se encontraban en la región sisaponense, y no en la propia ciudad. Por ello, parece lógico pensar que la famosa mina era en realidad un conjunto formado por la minas de Las Cuevas, de Guadaperal (las cuales, al redescubrirse durante el S. XVIII, presentaban signos de haber sido explotadas por los romanos) y la mina de Almadén, que debido a una intensa explotación milenaria, ha borrado los restos de las antiguas explotaciones. La razón por la que el lugar de Sisapo se encontrase apartado de dichas minas se debe a que era también el centro gestor de todo un gran conjunto de minas que se localizan en esta zona de Sierra Morena.

Durante la baja romanidad y el reino visigodo, las minas tuvieron que bajar mucho su producción, aunque tanto San Agustín como San Isidoro de Sevilla hablan de la explotación de la Mina. Será durante el dominio islámico de al-Andalus cuando la Mina de Almadén adquiriese mayor importancia, cuando el azogue fuera utilizado en medicina y como amalgama del oro y de la plata. Una nueva utilidad que hasta el momento apenas había sido estudiada  en España, son las numerosas piezas de cobre sobredoradas al fuego (adornos de jaez, correaje, etc), y en las que el mercurio fue un componente esencial. Muchas de estas piezas de metal  han aparecido en las excavaciones arqueológicas de Calatrava La Vieja y en otros yacimientos medievales de la provincia, como es el de Alarcos.

Cerco minero de Almadén

Fue entonces cuando la Mina adquirió gran importancia, tomando incluso el nombre de al-madin (la mina, en árabe), dependiendo administrativamente de la ciudad de Qalat al-Rabat (Calatrava la Vieja, Carrión de Calatrava). Tal fue su importancia, que Ubu Fadi Allak´Omari, nos dice que “… al norte de Córdoba hay una mina, de la que se extrae azogue y cinabrio que son exportados al mundo entero”.

Tras la conquista castellana de la zona, entre el S. XII y XIII, las minas fueron donadas por Alfonso VIII a la Orden de Calatrava, quien siguió explotándolas y produciendo azogue, bermellón y solimán (sublimado corrosivo, que fundamentalmente se utilizaba para curtir cuero), que se distribuía por Europa, el Mediterráneo, e incluso a Asia.

A partir del S. XV, la Orden de Calatrava arrendó la Mina a genoveses y catalanes, quienes se hicieron cargo de la explotación y comercialización de sus productos. A partir de 1512 los beneficios de la mina pasaron a la Corona, como parte del maestrazgo de la Orden de Calatrava; siendo en 1523 cuando se hizo como única poseedora de la mina.

Con el descubrimiento de las minas de oro y plata de América y la aparición del método del patio para la amalgación de los minerales la demanda de azogue aumentó considerablemente,  pues gracias a la utilización del azogue se reducían los costes de producción y se conseguía que minas pobres en mineral fuesen rentables.

Durante el S. XVI la monarquía española arrendó las minas de Almadén a diferentes personas, destacando entre ellas la familia de los Fugger, llamados Fúcares en Castilla, quienes acabarán arrendando la mina a lo largo de más de un siglo, debido a que la Corona les tenía que ceder la renta de los maestrazgos a cambio de las importantes sumas de dinero que estos banqueros adelantaban. El arriendo de los Fugger en Almadén terminó en 1645, cuando esta casa entró en bancarrota; en ese momento, la Hacienda Real se hizo cargo de la Mina.

Uno de los grandes avances del S. XVII fue la instalación de los hornos de alaudeles, en 1646, por parte de Juan Alonso Bustamante, que irán sustituyendo paulatinamente a los hornos de xabecas. Con el fin de impedir las fugas de los presos, Mateo Naguelio ordenó construir en 1644 una galería que comunicaba la cárcel de forzados con el socavón de la mina del Pozo.

Puerta del Cerco de Buitrones. Mina de Almadén. S. XVIII.

El siglo XVIII comenzó con la explotación de la Mina del Castillo, cuando en 1697 se descubrieron muestras de roca de cinabrio en el corral de una casa cercana al castillo. Gracias a la explotación de esta mina, la producción de azogue aumentó considerablemente durante dicho siglo.

El siglo XIX se caracterizó por la práctica desaparición de los entibamientos de madera, sustituyéndolos por mampostería. La producción siguió siendo muy alta, apareciendo nuevos descubrimientos, como el de la Concepción Nueva de Almadenejos. Se introdujeron bombas mecánicas para el desagüe y ascensores para subir y bajar obreros y mineral. El último tercio del siglo se caracterizó por el arrendamiento en 1870 de la Mina a la familia Rostchild, quien se encargó de su explotación.

El siglo XX comenzó con la posibilidad de vender el establecimiento minero, y así se creó el Consejo de Administración de las Minas de Almadén y Arrayanes, con sede en Madrid, en 1918. Se encargó de modernizar el establecimiento minero, dotarlo de una central eléctrica, nuevos hornos y sistemas modernos de explotación, aunque sin llegar a convertir a Almadén en un centro puntero de la minería. Durante la Guerra Civil española, la mina no dejó de funcionar, y tras el conflicto el cinabrio se convirtió en un producto muy valioso de exportación debido a la gran necesidad de mercurio en la industria armamentística, ya que se utilizaba como fulminante en las armas. En todos estos años se utilizaron presos políticos para realizar trabajos forzosos en la mina, lo que contribuyó a conseguir en 1941 la mayor producción de mercurio de la historia. Hacia 1950 trabajaban en la mina unos 2.200 obreros.

Fue a partir de la década del 70 del siglo XX, cuando, por su carácter contaminante, comenzó a realizarse una campaña internacional en contra del uso del mercurio en una serie de usos industriales y agrícolas, lo que conllevó un descenso del consumo y del precio. De la década del 70 a la del 90, Almadén fue líder mundial en la producción y venta de mercurio virgen, aunque tuvo que reducir su producción para mantener los precios del mercado. En 1982 se creó la empresa pública Minas de Almadén y Arrayanes S.A. Debido a las directrices europeas y al cambio de los mercados, la explotación de la mina cesó definitivamente en el año 2003, acabando así una actividad minera que desde el S. IV a.C. había sido casi continua.

Excavación arqueológica en el castillo de CORNATEL. León

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El castillo de Cornatel. Al fondo, la sierra del Caurel, ya en Galicia.

Intervención arqueológica de 2005:

Los trabajos arqueológicos en el castillo de Cornatel se realizaron en el año de 2005, de acuerdo con el Plan Director de Restauración elaborado por el arquitecto Fernando Cobos Guerra. El proyecto específico de la restauración y de la actuación arqueológica, con vistas a su recuperación y puesta en valor, fue realizado por el mismo arquitecto en 2004, por encargo de la Fundación del Patrimonio Histórico de Castilla y León y la Diputación Provincial de León. En dicho proyecto se contemplaba la supervisión y excavación arqueológica a lo largo de dicha obra, cuya dirección correspondió a Manuel Retuerce y Luis García, de NRT Arqueólogos S.L.

La actuación arqueológica que se realizó en el castillo tenía como principales objetivos el desescombro del interior de la fortaleza y la ayuda y asesoramiento a la Dirección de Obra en las labores de restauración del edificio en todo lo concerniente a la interpretación constructiva y evolutiva de la historia del castillo. Contaba, además, con el trabajo previo de unos sondeos arqueológicos realizados en 2004. Y todo ello, con el fin de que el lugar pudiera ser acondicionado para la visita y que una buena parte de la fortaleza conociera una recuperación parcial de sus estructuras.

Croquis de la planta del castillo de Cornatel.

Descripción de los restos hallados en la intervención arqueológica:

Rampa mulera de acceso al castillo de Cornatel.

El acceso principal del castillo se localiza en el ángulo noroeste de la fortaleza y está compuesto por una rampa mulera que conduce a la puerta principal, muy bien defendida por un complejo sistema de saeteras.

Tras cruzar la puerta nos encontramos con el patio de armas del castillo. Éste está dominado en todo momento por los afloramientos rocosos, que son los que condicionan la ubicación de los edificios circundantes. Destaca aquí el espolón rocoso del extremo este, aprovechado como otero.

Detalle de los restos del palacio del conde de Lemos y de la puerta de entrada al castillo.

El extremo oeste del castillo está formado por un basamento constructivo, muy potente, que sirve de base a la zona palacial. Es el sector menos protegido, por lo que los elementos defensivos cobran en este punto una mayor relevancia. El basamento tiene planta rectangular (22 m x 12 m aproximadamente), y su fábrica está compuesta de grandes lanchas de piedra pizarrosa dispuestas en plano y trabadas con abundante argamasa de cal y arena. Sobre sus laterales norte, oeste y sur, formando parte de una única obra, existen gruesos muros con 3,25 m de anchura y entre 2 y 2,50 m de altura conservada. Sobre el borde este sólo permanece la huella de un muro desaparecido que no tuvo más de 1 m de ancho. Sobre este basamento se asentó, ya en época muy posterior, por una parte, la muralla del castillo, y por otra, el palacio bajomedieval del conde de Lemos. Éste último aprovechó casi toda la fábrica previa para colocar sobre ella un gran edificio de dos alturas con cubierta a dos aguas, con una galería cubierta en el lateral este, donde se encuentran el acceso al edificio y las escaleras de comunicación entre plantas. No obstante, en los laterales oeste y sur queda un pasillo en “L” entre los muros de palacio y la propia muralla que fue utilizado en un primer momento pero que más tarde, durante el marquesado de Villafranca, sería rellenado voluntariamente para la colocación en la parte más alta de piezas de artillería defensiva.

En el frente norte, inmediatamente al este de la puerta de entrada de la fortaleza nos encontramos con el conjunto formado por la Sala doméstica, su galería y el aljibe. Este conjunto es independiente pero está comunicado, mediante el adarve sobre la puerta de entrada al castillo, con el edificio principal del palacio. La gran sala doméstica utilizó la muralla norte como cierre, amortizando su almenado. Se trata de un gran edificio (13 m x 7 m) con cubierta a dos aguas, cuya planta alta tenía un uso residencial y la inferior, donde los afloramientos rocosos ocupan gran parte del espacio, estaba dedicada a la estabulación o a almacenes. Directamente comunicado con la sala doméstica, hay un aljibe que ocupa el interior de una torre cuadrangular de gruesos muros. Éste contaba con un sistema de recogida de aguas de lluvia, revocos hidráulicos de almagra y estaba cubierto por una bóveda. Al exterior, se localiza una galería cuya parte baja comunicaba la entrada de la sala doméstica con el patio principal y la cámara de tiro que defiende la entrada. La parte alta de la misma, construida en madera, comunicaba la sala noble de la sala doméstica, la parte alta de la torre del aljibe, sobre su bóveda, y los adarves que cruzan sobre la puerta de entrada llevando a la planta noble del edificio principal, con lo que las plantas nobles estaban comunicadas directamente sin necesidad de pasar por el patio.

Torre exenta encontrada durante la excavación del castillo.

Al este de la sala doméstica, sobre la parte más alta de este sector del cerro, se localizó la torre norte. Era una torre exenta de mampostería, que es previa al conjunto de la fortaleza bajomedieval. Cuenta con planta cuadrada de 8 m x 8 m, y su interior es hueco. Esta torre, al igual que el resto de estructuras, se adaptó totalmente al terreno, contando ahora con una altura máxima de 2,40 m y mínima de sólo una hilada. Podría tratarse de una de las estructuras que sobrevivieron al ataque al castillo de los Irmandiños en 1467.

Muralla sur del castillo. Se muestra los mechinales que sostenían el adarve volado de madera.

En la zona entre la torre norte y la sala doméstica se excavaron los huecos entre muros que anteceden a las cámaras de tiro de este sector. Estos huecos fueron rellenados voluntariamente durante el marquesado de Villafranca para la colocación de artillería defensiva.

Por último, la casa colgada no fue objeto de intervención arqueológica, y en la torre del homenaje tan sólo se identificó su nivel de uso. También se limpiaron los adarves de la muralla sur, dejando a descubierto los mechinales que soportaban el adarve volado de madera.

Evolución cronológica de la fortaleza: 

Probable basamento romano sobre el que se levanto el castillo bajomedieval de Cornatel.

El elemento constructivo más antiguo del castillo Cornatel es un gran basamento situado en el extremo occidental de la fortaleza. Con respecto al mismo, no podemos aún establecer su función concreta —quizás militar o religiosa—  ni indicar una cronología absoluta —tal vez, romana, en relación con las cercanas “Médulas”—, indicando tan sólo su gran antigüedad. De todas formas, es muy posible que el basamento nunca fuera finalizado.

Tras un gran lapso de tiempo se levantaría la torre norte, de época plenomedieval. Es una torre cuadrangular que se localiza en la mitad del cerro, en una de los puntos más dominantes del mismo. De factura muy diferente al resto de los aparejos del castillo del conde de Lemos, se trata de una obra anterior, aunque también medieval —¿ss. XIII-XV?—. Es muy posible que fuera a ella a la que se refieren diversos documentos escritos del tiempo del conde de Lemos, en relación con los desperfectos habidos en el castillo de Cornatel, y dentro de los sucesos que acaecieron en las rebeliones de los Irmandiños (1467).

Restos del palacio del conde de Lemos dentro del castillo de Cornatel.

El grueso del recinto amurallado es de mediados del siglo XV y, seguramente, posterior a 1467, obra de Pedro Álvarez Osorio. El mismo conde de Lemos, durante el último tercio del siglo XV, fue el artífice de las reformas que dieron lugar al palacio y a los edificios con él relacionados, todo ello pensado para ser el lugar de retiro de dicha persona.

Durante el marquesado de Villafranca, ya en el siglo XVI, se llevaron a cabo algunas obras de acondicionamiento defensivo de la fortaleza ante la nueva artillería, que ya por estos años había adquirido gran protagonismo. Esas obras pretendían reforzar los puntos de la fortaleza susceptibles de ser atacados con artillería, y consistieron básicamente en el rellenado de huecos para dar consistencia a la muralla y ganar espacio para la colocación de la artillería defensiva. No obstante, algunas de las obras proyectadas, como el desdoblamiento de la muralla sur entre la torre del homenaje y el palacio, no llegaron a ejecutarse. Resultado de las mismas fue la calera “fosilizada” encontrada en el patio.

Tras este período, el castillo de Cornatel fue abandonado, siendo sólo reutilizado para usos ganaderos. Por último, la leyenda que lo envuelve propició la excavación de numerosos y grandes agujeros en busca de fabulosos tesoros inexistentes o de objetos míticos como el Santo Grial.

Bibliografía: 

  • Cobos Guerra, Fernando & de Castro Fernández, José Javier (1998): Castilla y León. Castillos y Fortalezas. León.
  • Cobos Guerra,  Fernando; Retuerce Velasco, Manuel  & Escudero Navarro, Zoa (2009): El castillo de Cornatel, en Priaranza del Bierzo, León. Fundación del Patrimonio Histórico de Castilla y León. Cuadernos de Restauración nº 9. Madrid.

Breve historia del castillo de CORNATEL (Priaranza del Bierzo. León)

4 LEÓN, Castillo de Cornatel 0 Comentarios »

Situación:

El castillo de Cornatel se localiza, adaptándose perfectamente al terreno, en lo alto de una peña que domina desde el sur todo el Bierzo. Se sitúa en al borde mismo del precipicio en tres de sus costados, y sólo es accesible por el lado de la carretera. Se llega a él siguiendo la N-120 (dirección Orense), después de atravesar el río Sil, Priaranza del Bierzo y Santalla. Tras tomar el desvío de Villavieja, una estrecha carretera conduce, entre viñas y prados, tras algo más de 2 km, al pie del castillo de Cornatel. Desde allí, un sendero empinado y con revueltas, que se abre en la frondosa vegetación, conduce a la puerta de entrada original del castillo.

Historia: 

Aún con unos posibles antecedentes de la Plena Edad Media que lo identifican con el castillo de Urvel, y que tendrían que ser corroborados y precisados, la mayor parte de las estructuras del actual castillo de Cornatel se comprenden entre los ss. XIV y XV, durante la posesión señorial. La evolución del castillo y, a la vez, el transcurrir de la historia comarcal, a lo largo de esos dos siglos bajomedievales, sería la siguiente:

En el año de 1388, un primer Pedro Álvarez Osorio recibe de Juan I de Castilla los señoríos de la Cabrera y Ribera, con los castillos de Peñarramiro, Peñavellosa, Serracín y Comatel. Poco después (1394), Pedro Enríquez, que estaba casado con Isabel de Castro, una descendiente del linaje de los Castro, recibió las villas de Ponferrada y Villafranca, que así volvieron a quedar asociadas a uno de los más importantes linajes de la nobleza gallega —la rama gallega del linaje de los Castro fueron los poseedores del castillo de Ponferrada entre 1340 y 1374—. A la muerte de Pedro Enríquez, sucedida en 1400, heredó su hijo Fadrique, duque de Arjona, que además era también señor de Lemos, Trastámara, Sarriá, Ponferrada y Villafranca.

Castillo de Cornatel desde el Este

Es así, que, a caballo de los siglos XIV y XV, el Bierzo quedaba dividido entre algunos de los más sobresalientes representantes de la poderosa nobleza gallega, con dos señoríos locales y algunos dominios monacales, que aún conservaban cierta pujanza en la zona. La localidad de Villafranca, sin estar fortificada, actuaba de centro representativo neutral, al amparo de la tradición del camino de Santiago, donde las distintas familias nobles hacían fundaciones o promovían enterramientos.

Pero en el segundo tercio del siglo XV los distintos señoríos bercianos van a concentrarse en manos de Pedro Álvarez Osorio, nieto de la anterior persona del mismo nombre. Circunstancias históricas de diversa índole y la extraordinaria personalidad de este Osorio propiciaron que la mayor parte de las fortificaciones que hoy se conservan en El Bierzo lleven su impronta o sean consecuencia directa o indirecta de sus acciones.

Este Pedro Álvarez Osorio, un auténtico señor de “horca y cuchillo”, era hijo de Rodrigo Osorio Valcárcel, quien había heredado los señoríos de los Osorio y de los Valcárcel. Sin embargo, el otro señorío berciano mencionado antes, el de los Castro, se había dispersado a la muerte del duque de Arjona, producida en 1430: Ponferrada pasó a la mujer del duque, y desde ella a los Manrique; Villafranca, al obispo de Santiago; y Lemos y Sarriá, a la Corona. Pedro Álvarez Osorio obtendrá ahora los condados de Lemos y Sarriá y comprará Villafranca.

Castillo de Cornatel desde el Oeste.

En 1432, siguiendo una vida auténticamente novelesca, había “raptado” del convento a la hermana del duque de Arjona, Beatriz de Castro, y merced a su matrimonio con ella había conseguido recuperar Ponferrada en 1440. Se convirtió así en el señor absoluto del Bierzo y en el noble más importante de Galicia a mediados del siglo XV.

Cornatel, al igual que las otras fortificaciones del conde, sufrirá en ese momento una importante transformación. Así, en casi todas ellas es posible distinguir tres grandes periodos constructivos que se corresponden con las diversas vicisitudes que atravesó el señorío. La primera modernización de sus fortalezas parece corresponderse con la construcción en el castillo de Ponferrada de las torres de Cabrera, Caracoles y la parte exterior de la de Monclín, y tenía como objeto reforzar las defensas de la cerca vieja de la villa ante un eventual ataque de los Manrique, poco conformes con la cesión del lugar al conde de Lemos. La obra se caracteriza por presentar todas sus torres abiertas por la gola —por el muro que da al interior de la fortaleza—, para que no se pudiera ofender desde ellas al Castillo Viejo, lo que indica que éste seguía siendo la fortaleza principal de Ponferrada, y que el espacio de la cerca vieja aún no albergaba el grueso de las estancias palaciales.

Con esta referencia, Comatel presenta una torre de iguales características —abierta por la gola—, que podría ser de este periodo, aunque en Ponferrada la reforma también supuso la aparición de las primeras troneras de artillería, cuando las fortalezas se adaptan a las nuevas tecnologías bélicas; por el contrario, en Cornatel, aún perduraron las saeteras simples.

La muerte de la esposa del conde, Beatriz de Castro, producida en 1455, dividió el señorío berciano al heredar Ponferrada y Villafranca su hijo, Alonso Osorio. Sin embargo, la muerte de Alonso, acaecida en 1467 sin descendencia legitima dejará un bastardo, Rodrigo, que finalmente será legitimado por su abuelo. Así, se volvió a concentrar todos los estados bercianos bajo el dominio de Pedro Álvarez Osorio.

Castillo de Cornatel desde el Sureste, junto al camino de acceso.

Precisamente en ese año de 1467 los Irmandiños asolarán muchas de las fortalezas de la nobleza gallega y tras tomar y destruir prácticamente todos los castillos de Galicia y el Bierzo caerán sobre Ponferrada, donde el conde de Lemos, refugiado en él junto a otros nobles gallegos, conseguirá derrotarlos. Los destrozos que los Irmandiños provocaron en las fortalezas obligaron al conde de Lemos a iniciar una nueva campaña de obras en ellas. La abundante documentación escrita conservada nos habla de reconstrucciones casi completas en la fortaleza de Peñaramiro, en la comarca de la Cabrera, los castillos de Monforte de Lemos, Sarria y Castro Caldelas en Galicia, y Balboa, Serracín, Corullón y Comatel, donde se conservó una torre, en el Bierzo.

Interior del castillo de Cornatel antes de la intervención arqueológica de 2005.

El pacto entre Pedro Álvarez Osorio y el conde de Benavente de 1472, por el cual el hijo de éste último, Luís Pimentel, que casaría con la hija del conde de Lemos, Juana Osorio Bazán, y que recibiría los estados de Pedro Álvarez Osorio si éste no tenia hijos varones, podría ser falso, aunque el matrimonio finalmente sí que se consumó, lo que permitió al conde de Lemos mantener todos sus estados hasta su muerte, acaecida en el castillo de Comatel, en 1483. Sin embargo, algunos años antes de su muerte, el conde ya había decidido dejar sus estados a su nieto bastardo, Rodrigo Osorio.

El problema sucesorio no afectaba directamente a Cornatel, pues era un castillo de la rama de los Osorio y no de los Castro. Debió ser por esta razón por la que el Conde se retiro a él, con su mujer y sus hijas, en espera de la llegada de la muerte. Para ello habilitó diversas estancias en él. De esta forma, Rodrigo tenía el campo libre para controlar los otros castillos aunque ello no impidió que tras la muerte del conde cercara el castillo, siendo liberado el sitio por las tropas del conde de Benavente.

Bibliografía:

  • Cobos Guerra, Fernando & de Castro Fernández, José Javier (1998): Castilla y León. Castillos y Fortalezas. León.
  • Cobos Guerra,  Fernando; Retuerce Velasco, Manuel  & Escudero Navarro, Zoa (2009): El castillo de Cornatel, en Priaranza del Bierzo, León. Fundación del Patrimonio Histórico de Castilla y León. Cuadernos de Restauración nº 9. Madrid.

Breve historia de CASTROTORAFE y su castillo (San Cebrián de Castro. Zamora)

6 ZAMORA. Castrotorafe 0 Comentarios »

Situación:

El actual despoblado de Castrotorafe (San Cebrián de Castro. Zamora), totalmente amurallado, se encuentra en la orilla izquierda del río Esla, sobre un terreno amesetado que tiene una brusca caída hacia el río, y entre dos pequeños barrancos que desaguan en éste. El acceso es fácil por el frente Este, donde se situaba la antigua puerta hacia la que se dirige un camino, que parte de la cercana carretera N-620 (Zamora-Benavente), poco antes de Fontanillas de Castro. Dicha carretera discurre en paralelo a la antigua Vía de la Plata. El castillo, en concreto, se localiza en el extremo noroeste del despoblado.

Historia:

Esencialmente el castillo de Castrotorafe está compuesto por parte del recinto amurallado de los siglos XII y XIII, un cierre o atajo que conforma su cuerpo principal construido a finales del XIII o principios del XIV y una barrera artillera construida entre 1474 y 1480.

Desde el punto de vista de los orígenes históricos de la villa medieval de Castrotorafe, actualmente un despoblado, no debe descartarse la existencia previa de poblaciones o aldeas dispersas que no habían sido reorganizadas aún por la refundación de una ciudad; tal como ocurrió en la vecina Zamora a partir del 893, cuando la nueva estructura ciudadana permitió, a decir de las crónicas árabes, que “las gentes de la frontera fueran a tomar sitio en ella“.

Fue a esta población de Castrotorafe a la que en 1129 Alfonso VII y su mujer, Berenguela, concedieron fuero y delimitaron su alfoz, apareciendo por primera vez un “concejo” de Castrotorafe, indicativo de la existencia de una puebla fortificada. De esta época debe datar la construcción de la primera muralla que rodea la villa. Muralla que permite su nominación como castro, con independencia de la pervivencia de la memoria o incluso de algunos restos de un castro prerromano. Su importancia estratégica aumentó al producirse la independencia de Portugal. Es posible que Castrotorafe apoyase a los separatistas lusos por lo que el rey manda derribar sus murallas. Pues así, en 1153, se manifestaba Alfonso VII al segregar parte del alfoz de Castrotorafe en favor de Moreruela: “qua feci destruere muros de Castro Turafe“.

Castrotorafe

Muralla de Castrotorafe, junto al río Esla (Zamora)

Tras la separación de los reinos de Castilla y León, Castrotorafe alcanzó nuevas cotas de importancia estratégica y Fernando II se vio obligado a cambiar la actitud real con Castrotorafe y decidió potenciar la villa. Esta actividad revitalizadora quedó reflejada en las crónicas: “este rey donFernando poblo … Castrotorafe en el obispado de Zamora.”

La Orden de Santiago, fundada en 1175, será precisamente la que, en 1176, reciba Castrotorafe como donación real: “villam dictam Castro Torafper terminus novinssimos et antiquos“. Dos años después de ello, en 1178, dicha Orden otorgó fuero a la villa de Castrotorafe.

Durante esos años Castrotorafe debió formarse como villa y su cerca englobaba una superficie de 10 Ha; pero no existen vestigios reconocibles de un castillo correspondientes a esta épocas. Se detectan dos etapas constructivas: una primera compuesta por muros de tapial de tierra y otra, de tapial de tierra con cara exterior de mampuestos de muy pequeño tamaño. De momento, sin una previa documentación o una excavación arqueológica, no se puede decir si dichas fábricas son coetáneas o proceden, a su vez, de dos procesos constructivos distintos, puesto que no se ha encontrado ningún punto en el que uno de los dos tipos de estructuras se superponga al otro.

Eventualmente este recinto fortificado tenía un foso, del que se conservan vestigios importantes, y se situaba en lo alto de una pequeña elevación; en parte, posiblemente artificial. La cara externa de estos muros presentaba paños fuertemente ataludados y se detectan sólo dos torres de muy pequeña sección, de planta circular, situadas en las esquinas noreste y noroeste del recinto, incluida actualmente esta última dentro del castillo.

En una segunda etapa se regruesó la muralla por el exterior con un muro de tapial de cal y canto y mampostería, ligeramente seleccionada en las caras pero sin perder la disposición de cajas o bataches según las zonas En el siglo XIV, a parte del castillo, la muralla sufrió algunas reformas muy importantes.

Con la unificación definitiva de los reinos de Castilla y León con Fernando III, Castrotorafe fue perdiendo gran parte de su importancia estratégica, hasta que a finales del siglo XIII la puebla leonesa se vió envuelta en las disputas civiles que afectaron a la sucesión de Sancho IV y a las minorías de Fernando IV y Alfonso XI durante las regencias de María de Molina. Una de las crisis más importantes de está época fue la sublevación del infante don Juan, hijo de Alfonso X y hermano, por tanto, de Sancho IV, que se proclamó rey independiente de León y tuvo bajo su dominio gran parte de los territorios del antiguo reino en la Meseta norte. Su sublevación fue favorecida por otros infantes rebeldes: “E ellos e don Alfonso, que se llamava rey de Castilla, don Juan, que se llamava rey de Leon, y Juan Nuñez de Laralabraron aquella moneda en estos lugares que aqui se diran: “en Leon e en Castrotorafe e en Dueñas e en Osma e en Deza“.

La recuperación del valor estratégico de Castrotorafe implicó algunas reformas en la muralla y, básicamente, supuso un reforzamiento de sus fábricas sin alterar ni el trazado ni los elementos defensivos, y la construcción de un castillo de dominio feudal que permitió al rebelde infante don Juan ejercer el control efectivo de la puebla, sin que ésta hubiera dejado de ser legalmente un dominio o al menos un usufructo de la Orden de Santiago. El propio infante don Juan en su testamento de 1319 dice: “En nombre de Diosamen. Conocida cosa sea a todos quantos esta carta vieren como yo el infante  don Juan, fijo del mui noble rei don Alfonso señor de Vizcaya … ordeno e fago mio testamento … otro si mando que entreguen al mio finamiento Castro Torafe la villa e el castillo con todas las labores que y hovieren fechas al maestre e al convento de la orden de Santiago de que la io tengo para en mios dias“.

Castrotorafe dominando el puente sobre el río Esla

Como se puede ver en la documentación escrita, el castillo debió ser construido por el infante Don Juan antes del 1319 y se formalizó con un doble muro en escuadra, del que se conserva el frente sur, con tres torres, y el inicio del frente este con la puerta principal. La torre del ángulo era posiblemente la torre del homenaje y sólo se conserva una pared en la que se abre la puerta de ingreso, a la que se accedía por un puente levadizo según se desprende de la documentación anexa. Una de las torres macizas de este frente pudo ser la torre de San Juan que se describe en la visita de 1504, advocación curiosa si se tiene en cuenta que Castrotorafe es una encomienda de la orden de Santiago y que obedece seguramente al homenaje, o auto-homenaje mas bien, del infante Don Juan en su santo patronímico.

Poco después, la encomienda de Castrotorafe volvió a la Orden de Santiago y, en 1333, Alfonso XI autoriza a Vasco Rodríguez, su maestre por entonces, para que éste pueda elegir cinco judíos (que no fueran de Zamora o de Toro) que fuesen a habitar a Castrotorafe y que cobre sus pechos y contribuciones.

Castrotorafe recuperó repentinamente el protagonismo estratégico durante la guerra de Sucesión de Enrique IV, y que enfrentó a los futuros Reyes Católicos con la princesa Juana y su esposo, Alfonso V, rey de Portugal. En estas circunstancias bélicas, que tuvieron en las tierras de Zamora y Toro sus más enconados enfrentamientos, sucedió que: “creyendo el rey don Alfonso encontrar desprevenidos a los moradores de Castrotorafe … reunió … todas las tropas de que a la sazón disponía, y repentinamente, el 13 de noviembrede 1475, cayó sobre la villa, la tomó y trató de combatir el castillo; pero viendo que la empresa no era tan fácil y advertido de que la Reina enviaba desde Valladolid refuerzos a la guarnición, permitió a su gente robar las haciendas de los habitantes, y con el botín recogido regreso a Zamora“.

Al año siguiente, eran los Reyes Católicos los que cercaban a las tropas portuguesas en la fortaleza de Zamora y llegaron secretamente a un acuerdo con el alcaide de dicha fortaleza, Alfonso de Valencia. Por este acuerdo “la alcaidía de Castrotorafe se dio a Alfonso de Valenciaa quien inmediatamente y por orden de don Fernando la cedió don Juan Enríquez,comendador de la Orden de Santiago, a fin de conseguir luego la entera y pacifica posesión de tan importante villa y con ello facilitar al rey donFernando ulteriores empresas contra el enemigo. Rindiose el castillo de Zamora el 19 de marzo de 1476“.

Castillo de Castrotorafe dominando el río Esla

Alfonso de Valencia empezó entonces obras de refuerzo del castillo, que posiblemente coincidan con la construcción de la barrera perimetral para artillería, asegurando de esta forma su dominio personal de la encomienda y adaptando la vieja fortaleza del XIV al empleo de la artillería, entonces en boga y que tantos disgustos le había dado al propio Alfonso de Valencia cuando defendía contra ella el castillo de Zamora. Para estas obras pretendió obligar a los vecinos de la próxima aldea de Pajares a conducir materiales para las obras del castillo, provocando la revuelta de éstos, que Valencia sofocó con sus tropas, y un pleito que fallaron los RRCC a favor de Pajares en 1481. Poco antes, a finales de 1480, la Corona apercibía al mariscal Alfonso de Valencia “para que habiéndose cumplido por parte de SSAA lo capitulado con él al entregarles la fortaleza de Zamora, entregue la de Castrotorafe a don Alfonso Enríquez, conde de Alba de Aliste“.

Hasta mediados del siglo XVI el castillo debió encontrarse en relativas buenas condiciones; e incluso, a principios del XVII (1604), se seguían haciendo reparaciones. Sin embargo, en 1688, se decía: “En quanto a la villa de Castrotorafe esta arrasada y sin habitacion alguna sino es la iglesia y esta necesita de muchos reparos y la cerca de dicha villa esta toda aportillada y caida y el castillo y fuerte en quanto a la canteria esta bueno pero la bivienda del palacio que avia en el toda esta arrasada e inabitable y se tiene noticia que en tiempo que fue comendador el señor conde de Benavente dicho palacio se avitaba y en dicho castillo avia armas y tiros y al presente no ay cosa alguna“.

Tras más de dos siglos y medio de progresivo y creciente abandono, las ruinas fueron finalmente declaradas B.I.C. en 1931.

Bibliografía:

  • Cobos Guerra, Fernando & de Castro Fernández, José Javier (1998): Castilla y León. Castillos y Fortalezas. León.

Intervención arqueológica en la muralla medieval de HUETE (Cuenca): Puerta de Daroca

3 CUENCA. Muralla de Huete 0 Comentarios »

Muralla de Huete (Cuenca). Puerta de Daroca desde el interior, hacia 1897.

Durante el mes de mayo de 2009, a iniciativa del Ayuntamiento de Huete (Cuenca), se llevó a cabo la intervención arqueológica en un tramo de unos 11 m de longitud de la muralla urbana de la ciudad de Huete , ubicado junto a la antigua Puerta de Daroca. Dicha intervención, con carácter de urgencia, estaba motivada por la necesidad de documentar este sector de la muralla antes de acometer en ella cualquier tipo de restauración o consolidación ante su mal estado de conservación. El encargo de la intervención arqueológica fue realizado por el Ayuntamiento de Huete.

Sondeo en la muralla de Huete. Zócalo de mampostería encofrada de la muralla de tapial. Fase emiral (ss. IX-X)

Por dificultades presupuestarias, la intervención consistió básicamente en el estudio de los alzados de muralla visibles intramuros, y en la realización de un pequeño sondeo a sus pies. Aún así, el estudio realizado aportó datos relevantes acerca de las defensas urbanas de la localidad a lo largo de buena parte de la Edad Media.

En concreto, la muralla urbana de Huete, en el sector de la Puerta de Daroca, posee diferentes fases constructivas que, ocupando un mismo espacio, se sustituyen, reaprovechan o refuerzan entre sí, pero siempre respetando la ubicación de la mencionada puerta, cuya existencia es permanente desde su origen hasta la actualidad en forma de calle de acceso a la población.

Como resumen, en la intervención arqueológica realizada en este sector de la muralla urbana de Huete se documentaron hasta tres fases constructivas:

1.- La más antigua, fechada en época emiral (siglos IX-X), fue la formada por una torre de tapial de tierra que flanqueaba la Puerta de Daroca por el sur, y un tramo de muralla de tapial de tierra, levantada sobre un zócalo de mampostería encofrada, que desde dicha torre continuaba en dirección sur.

Muralla de Huete. Tramo a intramuros. Muestra todas las fases medievales (S.IX-XII)

Muralla de Huete. Forro exterior del tramo andalusí. Fase castellana (S.XII).

2.- Posteriormente, las anteriores defensas fueron sustituidas, reparadas o complementadas por una nueva torre semicircular, que envolvió la anterior, y un nuevo lienzo de muralla que sustituyó al antiguo —ahora, empleando una mampostería encofrada—. Esta segunda fase se correspondería también con el periodo andalusí, pero quizás ya dentro de una fase almorávide (1ª mitad del siglo XII).

3.- La última actuación sobre las defensas en esta zona de la muralla se dataría poco después de la conquista castellana de Huete, datándose probablemente en la segunda mitad del siglo XII. Consistió en el adosamiento por el exterior de una potente muralla de mampostería concertada y de una gran torre cuadrangular de mampostería encintada que dobló el grosor de las defensas torreadas del anterior dominio andalusí.

CASTILLO DE ARÉVALO. Historia

1 ÁVILA. Castillo de Arévalo 0 Comentarios »

La villa de Arévalo (Ávila) se localiza junto a la Autovía A6, a la altura del kilómetro 123. Se encuentra a 50 Km de Avila, 58 de Segovia, 77 de Valladolid, 90 de Salamanca y 126 de Madrid; y está en el centro de la comarca de “La Moraña”. El castillo está ubicado en el extremo norte de la villa y presenta un fácil acceso tanto en coche como andando desde la localidad.

Historia:

La villa de Arévalo, protegida por los fosos naturales que forman los ríos Arevalillo y Adaja, estuvo poblada al menos desde época visigoda. Tras un desconocido hiato altomedieval, la repoblación castellana de la zona se realizó a partir de 1088 a cargo de Raimundo de Borgoña y cinco linajes nobles que asumirán la defensa de la villa, tanto de un posible ataque islámico cómo del vecino reino cristiano de León.

Para la buena defensa de la villa se construyó una muralla de estilo mudéjar a lo largo del S.XII, a la vez que se reutilizaron las torres de algunas iglesias a modo de atalayas defensivas. Las murallas de Arévalo, de la que aún se conservan restos de gran envergadura, poseían varias puertas y portillos; uno de los cuales se encuentra en buen estado de conservación en el propio interior de la Torre del Homenaje del Castillo.

A partir del S. XIV, la villa de Arévalo se vinculó a las reinas de Castilla; a principios de siglo era de María de Molina y a mediados de siglo lo fue de Blanca de Borbón, esposa de Pedro I; quién la recluyó en Arévalo en 1353, tres días después de su boda, para así poder volver con su amante María de Padilla.

Tras la muerte de Juan II en 1454, la villa de Arévalo pasó a pertenecer a su viuda Isabel de Portugal. Con ella, vivirán en Arévalo durante algunos años el infante Alonso y la infanta Isabel (la futura Reina Católica).

La debilidad política que caracterizó al reinado de Enrique IV se vio plasmada en las grandes cesiones que concedió a la nobleza a cambio de su apoyo. Uno de los principales beneficiados fue Álvaro de Zúñiga, Conde de Plasencia, que pasó a poseer en 1469 el título de Duque de Arévalo, arrebatándole esta villa a la reina Isabel de Portugal.

Castillo de Arévalo (Ávila). Entrada y torre mayor antes del inicio de la intervención arqueológica en la explanada exterior.

Durante el periodo en el que Álvaro de Zúñiga estuvo en posesión de la villa de Arévalo, se decidió construir una fortaleza en el vértice de unión de los dos ríos; tal como se refleja en su testamento “la fortaleza que yo e la dicha duquesa mi mujer en ella edificamos que fue entregada a la reina doña Ysabel”.

En la guerra de Sucesión producida tras la muerte de Enrique IV, el duque de Arévalo optó por el bando de Juana y Alfonso de Portugal, por lo que, a pesar de que se cambió de bando antes del fin de la guerra, los Reyes Católicos le confiscaron tanto la villa de Arévalo como su castillo en 1480, a cambio de una compensación económica.

Tras la muerte de Isabel en 1504, comenzó una gran reforma del castillo, que lo transformará en una fortaleza artillera renacentista.

Más tarde, la villa de Arévalo fue cedida por Fernando el Católico en su testamento a su segunda mujer, Germana de Foix, provocando con esta decisión que la villa se levantase en armas bajo el mando de Juan Velázquez (albacea de la reina Isabel), para poder seguir siendo villa de realengo. Tras un fuerte sitio que duró varios meses, en el que murió el hijo de Juan Velázquez, la villa acabó rindiéndose en 1517.

Después, a cambio del apoyo incondicional de la villa a la causa imperial en la guerra de las Comunidades, Arévalo volvió a convertirse en una villa de realengo en 1520.

A lo largo del S. XVI, Arévalo entró en un letargo y su castillo únicamente cumplió una función de prisión, destacando presos de relevancia como el príncipe Guillermo de Orange.

Grabado del castillo de Arévalo. Litografía de F.J. Parcerisa: Recuerdos y bellezas de España. S. XIX

Los dibujos y descripciones del S. XIX nos muestran un castillo arruinado. Esta ruina cesó a mediados del S. XX, cuando el pueblo cedió el edificio al Ministerio de Agricultura, quién decidió reutilizar el castillo como granero. La restauración que ahora se lleva a cabo pretende proteger el edificio de varias amenazas de derrumbes y desprendimientos, así como parar el deterioro que estaban produciendo las humedades. Todo ello, bajo el máximo respeto al edificio histórico y tratando de poner en valor todas las estructuras arquitectónicas de su Historia

Excavación arqueológica en el CASTILLO de SAN PEDRO DE LATARCE (Valladolid). 2011.

1 Noticias, 5 VALLADOLID. Castillo de San Pedro de Latarce 0 Comentarios »

En el transcurso de las obras de consolidación que se realizan en el castillo de San Pedro de Latarce (Valladolid) por parte de la Consejería de Cultura y Turismo de la Junta de Castilla y León, mediante proyecto de Fernando Cobos Guerra, se han producido importantes resultados.

El castillo es un recinto fortificado con una muralla construida mediante un encofrado de cantos rodados y argamasa de cal y arena. Se encuentra algo elevado, controlando el paso del río Sequillo, que discurre al norte.

La fortificación de San Pedro de Latarce tiene tres grandes fases constructivas:

1/ Un recinto amurallado principal, obra de Alfonso IX de León, de finales del siglo XII.

2/ Un castillo medieval con torre exterior, obra de la reina Dña. María de Molina, de comienzos del siglo XIV.

3/ Un palacio señorial, obra de la familia Bazán, de los siglos XV a XVII.

La intervención arqueológica ha afectado a dos áreas del recinto amurallado: una al interior y otra al exterior. Al interior, se ha excavado una pequeña zona, de forma alargada siguiendo la muralla en su lado noroeste, con el objetivo de determinar la potencia arqueológica de la fortificación y ver cuál era el estado de la cimentación de la muralla. En ella se han documentado dos hoyos o silos amortizados, que son anteriores a la muralla y a los niveles originales de la fortificación; y además, un suelo de cal.

Al exterior, ha aparecido el acceso original del castillo, que hasta este momento estaba oculto por un chapado de adobes. Su posible evolución sería:

1/ Una puerta simple y recta con mochetas y bóveda de sillería.

2/ Dos grandes macizos constructivos de sillería al exterior, perpendiculares y a ambos lados de la puerta, que crean un pasillo recto de acceso a ésta.

3/ Posible transformación de los dos grandes macizos en una gran torre exterior, tras ser unidos en altura

4/ Tapiado y macizado del pasillo de la parte baja de la torre que daba acceso a la puerta del recinto del siglo XII y apertura de una nueva a la derecha de la antigua.

Bordeando por el norte y el este de estos macizos se ha encontrado un suelo de canto rodado que parece ser muy posterior a toda la fortificación. También se han documentado parcialmente los restos de una báscula para el pesado de la uva, de mediados del S. XX.

Esta pequeña intervención ha dado unos resultados muy interesantes pero sería necesario plantear futuras intervenciones para poder conocer la evolución de todo el recinto y, así, realizar una obra de restauración para su puesta en valor del castillo y disfrute de la sociedad.

CASTILLO DE SAN PEDRO DE LATARCE. Historia

5 VALLADOLID. Castillo de San Pedro de Latarce 0 Comentarios »

San Pedro de Latarce (Valladolid) se encuentra en el corazón de la actual Comunidad Autónoma de Castilla y León, en un punto de importancia estratégica, sobre todo en el pasado. Se encuadra dentro de la comarca de Tierra de Campos y sin embargo roza con los Montes Torozos y la Tierra del Pan, situada en el tramo final del río Sequillo tributario del Valderaduey, afluente a su vez del Duero. Pertenece a la provincia de Valladolid limitando con la de Zamora, y al partido judicial de Mota del Marqués, su principal vía de comunicación es la autovía A-6 cuyo enlace está a 5 kilómetros de la población. Actualmente la población del municipio no supera los 600 habitantes, sin embargo la estructura urbana del municipio revela un pasado más populoso y una dilatada historia. El casco urbano se asienta en una zona ligeramente elevada de la margen izquierda del río Sequillo en el arranque de un pequeño valle que el río forma hasta el vecino pueblo de Belver de los Montes. Su ubicación está justificada por ser éste un punto de paso del río, poseyendo un puente de temprana datación.

Vista aérea de San Pedro de Latarce (Valladolid), con el castillo en primer término.

No dudamos de la segura preexistencia de moradores en estas tierras y creemos que seguramente la villa estuvo poblada con anterioridad a la construcción de su castillo, pues el pueblo vacceo ocupó mucho antes estos campos, al igual que los romanos a los que algunos historiadores atribuyen el origen de San Pedro de Latarce y otros, como Federico Wattenberg, que les atribuyen incluso la construcción del castillo. En cualquier caso, la primera referencia escrita en la que se hace referencia expresa al castelum S. Petri de Taraza data de 1203, cuando el rey Alfonso IX de León otorga el castillo a la Orden del Temple; sin embargo, en 1021, en documentos de la catedral de León ya se nombra a San Pedro de la Taraza entre los municipios en torno al Monte Taraza.

El actual pueblo de San Pedro de Latarce, como otros muchos de su entorno, tiene una larga historia, que se remonta con toda seguridad a los primeros pobladores de la comarca donde se enclava: en el siglo XI. Hasta ahora, no se ha datado con seriedad ningún vestigio arqueológico del municipio, ni se ha realizado ningún estudio histórico en profundidad sobre el mismo; sin embargo, el lugar del asentamiento, el trazado urbano y el cruce de caminos que en este lugar se produce —según Federico Wattenberg, dos calzadas romanas—, unido a hallazgos arqueológicos ubicados en su término municipal, a la antigua presencia de un puente de datación medieval o incluso anterior y, sobre todo, a la presencia del castillo, indican una actividad humana que seguramente se inició con anterioridad a la construcción de éste último.

Pensamos que fue Alfonso IX, rey de León quien a finales del siglo XII mandó construir el castillo de Sancti Petri de Taraza, como hace también otro en Belver de los Montes, a apenas 9 km río abajo, donde consta que manda construir un recinto amurallado de técnica constructiva similar a la de Latarce, adosado a un castillo que existía en la cumbre. La orden de construcción se enmarcaba dentro de las tensiones y disputas entre los reinos de Castilla y de León, ya que San Pedro de Latarce forma parte de la línea de frontera leonesa frente a la vecina Urueña castellana que se fortifica también en esta época.

Paramento exterior del castillo de San Pedro de Latarce, sin torres de flaqueo.

El castillo se sitúa en un extremo de la villa desde el que se controla el acceso por el río, que lo rodea parcialmente junto con una gran laguna o arroyo. Es una ubicación de carácter defensivo que hace presuponer la existencia previa de una posible mota u otra construcción defensiva que protegiera el puente, que suponemos construido ya a finales del XII. De este modo, el nuevo castillo se construye siguiendo la forma irregular de la mota inicial y separado de la villa, de modo que se tendrá que construir un puente levadizo para acceder al castillo desde el espacio que queda entre él y la villa.

La construcción del recinto amurallado completo no debió dilatarse mucho en el tiempo, a juzgar por la uniformidad constructiva del mismo; y ya en 1203, Alfonso IX cede el castillo a la Orden del Temple, quien lo ocupará hasta principios del siglo XIV. Desconocemos las construcciones interiores que albergaría el castillo en esta etapa, pero suponemos que serían en su mayoría de madera, apoyadas sobre los muros perimetrales y cercanas a la puerta de acceso.

En el primer cuarto del siglo XIV se produjo una batalla en San Pedro de Latarce, en la que el infante don Juan “el Tuerto” cerca a Álvar Núñez de Osorio dentro del castillo; creemos que para entonces ya se habría construido una fortaleza medieval de piedra sillar —de la que formaría parte la torre de acceso que aún se conservaba en 1786—. Este castillo medieval se habría construido durante  el reinado de Alfonso XI y bajo la tutoría de la reina regente María de Molina. El poema de Alfonso XI, donde se habla de la citada batalla, atribuye la posesión del castillo al infante don Felipe y a don Juan el ataque al mismo; ambos infantes eran regentes de Alfonso XI entre 1321 y 1325, por lo que sería razonable pensar que el castillo medieval se hubiese construido poco antes, enmarcado dentro del conjunto de castillos que mandó construir María de Molina en una etapa de tensiones internas por la regencia tras la muerte de su marido Fernando IV.

A fines del siglo XIV, la familia Bazán, un buen ejemplo de la nobleza trastamarista con raíces en la comarca de la Valduerna (León), era la dueña del castillo y de la villa. Con anterioridad, desde Navarra, donde habían sido ricoshombres y ocupado cargos relevantes, una rama de los Baztán-Bazán había emigrado a Castilla en el siglo XIII. En tiempos de Juan I (1379-1390), Pedro González de Bazán gozaba de los señoríos de San Pedro de Latarce y de Ceinos de Campos.

En el siglo XVI, la heredera de la familia, María de Bazán, cuarta vizcondesa de Palacios de la Valduerna y séptima señora de La Bañeza, San Pedro de Latarce y Ceinos, casó con Francisco de Zúñiga y Avellaneda, cuarto conde de Miranda del Castañar. El hijo primogénito de ambos, Pedro de Zúñiga y Avellaneda y Bazán, sería el primer marqués de La Bañeza. Tras el matrimonio de María de Zúñiga y Avellaneda y Bazán con su tío carnal, Juan de Zúñiga y Avellaneda, la posesión de San Pedro de Latarce pasó ya a ser dominio de los duques de Peñaranda de Duero. Será durante este periodo cuando seguramente se construya la zona palacial dentro del castillo, en su zona norte, abriéndose los grandes ventanales que hoy se presentan cegados.

 

Interior del castillo de San Pedro de Latarce, mostrando las huellas del palacio de los Bazán.

La posesión del castillo por parte de los condes de Miranda del Castañar y duques de Peñaranda de Duero se prolongó hasta finales del siglo XVIII, apareciendo citado en numerosos pleitos en años anteriores, hasta llegar al pleito de 1786 entre el conde y su arrendatario Gregorio Domínguez, del que se desprende gran cantidad de información referente al castillo.

 

BIBLIOGRAFÍA:

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RUBIO PÉREZ, Laureano Manuel (1981): “Los Bazán. Un linaje leonés con señorío en la Baja Edad Media”. Tierras de León: Revista de la Diputación Provincial, 21, 43. p. 70-87.



 

CALATRAVA LA VIEJA. Bibliografía

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Damos a conocer la principal bibliografía relacionada con este importante yacimiento medieval español:

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  • BARRIO, J. & alii (2009): “Restauración de una hebilla dorada procedente de la ciudad de Qalat Rabah (Ciudad Real)”. MetalEspaña’08. Congreso de Conservación y Restauración del Patrimonio Metálico. Madrid, 2008. Eds. Joaquín Barrio Martín y Emilio Cano Díaz. Tecnología y Conservación del Patrimonio Arqueológico, III. p. 226- 231.
  • COLON, Fernando (ed. 1910): Descripción y cosmografía de España. Ed. A. Blázquez. Tomo I. Madrid.
  • Dirk bilad al-Andalus (ed. 1983): Una descripción anónima de al-Andalus. 2 vol. Ed. Luis Molina. Madrid.
  • GONZÁLEZ GONZÁLEZ, Julio (1960): El Reino de Castilla en la época de Alfonso VIII. 3 vols. Madrid.
  • HERNÁNDEZ, Francisco & AGUILAR, Adolfo, (1994): “¿Cristiano o musulmán?. Las aves en los asentamientos medievales” 1º Congresso de Arqueologia Peninsular(Oporto, 1993). Tomo III, p. 441-452. Oporto.
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  • RETUERCE, Manuel & JUAN, Antonio de (1998): “La cerámica almohade en verde y manganeso de la Meseta”. Arqueología y Territorio Medieval, 6, 241-260. Actas del Coloquio: La cerámica andalusí. 20 años de investigación. Universidad de Jaén. Jaén, Octubre, 1997. Jaén.
  • RETUERCE, Manuel & LOZANO, Isidoro (1986): “Calatrava la Vieja: primeros resultados arqueológicos”. I Congreso de Arqueología Medieval Española. (Huesca, 1985). vol. III, p. 57-75. Zaragoza.
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  • RODRÍGUEZ-PICAVEA MATILLA, Enrique (1994): La formación del feudalismo en la meseta meridional castellana. Los señoríos de la Orden de calatrava en los siglos XII-XIII. Madrid.
  • RODRÍGUEZ-PICAVEA MATILLA, Enrique (1999): “La villa y la encomienda de Calatrava la Vieja en la Baja Edad Media”. Espacio, Tiempo y Forma. Serie III. Historia Medieval, 12, p. 139-181.
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  • ROSELLÓ, Eufrasia & MORALES, Arturo (1991): “Calatrava la Vieja: primer informe sobre la fauna de vertebrados recuperada en el yacimiento almohade. Tercera parte: peces”. Boletín de Arqueología Medieval, 5, p. 113-133.
  • RUIBAL RODRÍGUEZ, Amador (1984): Calatrava la Vieja. Estudio de una fortaleza medieval. Ciudad Real.
  • THIRIOT, Jacques; HERVÁS, Miguel Ángel & RETUERCE, Manuel (2008): “Prélèvement pour la datation par archéomagnétisme sur les tours de l’alcázaba de Calatrava la Vieja”.  En: Cerâmica medieval e pós-medieval. Métodos e resultados para o seu estudo. Actas das 4ª jornadas. Tondela (octubre, 2000). Tondela. p. 87-94.
  • TORRES BALBÁS, Leopoldo (1957): Las ciudades yermas en la España musulmana. Madrid.
  • VERNET, Juan (1993): “¿Puente o presa?”. En: Homenaje académico a Don Emilio García Gómez. p. 179-182. Madrid.
  • ZOZAYA, Juan (1984): “Islamic fortifications in Spain: some aspects”. British Archaeological Reports (International Series), 193, p. 636-673.
  • ZOZAYA, Juan (1990): “Un cipo funerario procedente de Calatrava la Vieja”.Boletín de Arqueología Medieval, 4, p. 311-320.
  • ZOZAYA, Juan, RETUERCE, Manuel & APARICIO, Alberto (1995): “Cerámica andalusí de reflejo dorado: 1195-1212″. 5ème Colloque sur la Céramique Médiévale (Rabat, 1991), p. 121-124. Rabat.

CALATRAVA LA VIEJA. Historia

- Calatrava la Vieja 0 Comentarios »

            Si hay un yacimiento emblema de la empresa de arqueología NRT. Arqueólogos, ese es Calatrava La Vieja, mítica ciudad islámica y origen de la primera orden militar castellana. Nrt arqueólogos lleva más de 27 años trabajando en este yacimiento.

            En la actualidad, el yacimiento de Calatrava la Vieja es propiedad de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, y forma parte de la red de Parques Arqueológicos de dicha Junta, dentro del Parque Arqueológico de Alarcos-Calatrava.

Su horario es:
Del 15 de abril a 15 de septiembre: de 9,30 a 21 horas
Del 16 de septiembre a 14 de abril: de 10, 00 a 18, 00 horas.
Para Centros escolares y visitas guiadas: Tfno. 926690246.
Consejería de Educación y Cultura. Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha.
Delegación Provincial de Ciudad Real. Tfno. 926221337.

Mapa situación Calatrava la Vieja

            La ciudad de Calatrava (Qal’at Rabah), actual Calatrava la Vieja, fue fundada en época omeya (HIMYARI, ed. 1938: 196), en un emplazamiento en la orilla izquierda del río Guadiana, de alto valor estratégico, pero insalubre y casi con toda seguridad despoblado en aquel momento. Aunque se han detectado estructuras y materiales de la Edad del Bronce y de época ibérica, no se conocen restos que nos permitan sospechar la existencia de población en este lugar en épocas romana y visigoda.

            La primera mención documental conocida de Calatrava data de finales del s. VIII, Así, en 785, el emir de Córdoba, Abd al-Rahman I, persiguió al rebelde toledano Abu al-Aswad hasta la fortaleza de Calatrava (IBN AL-ATIR, ed. 1938: 132). No se conoce nada, en cambio, del epónimo Rabah, aunque lo más probable es que tome el nombre de su fundador o de la primera persona a la que le fuese encomendada su tenencia, como sucede con otras poblaciones de fundación andalusí de ese momento.

            En época omeya, Calatrava fue la capital de una extensa región dividida en numerosos “iqlim” (distritos). Los geógrafos árabes conocieron muy bien la región pantanosa situada al noreste de Calatrava, describiéndola como el lugar donde el Guadiana superior -nombre con el cual confundían numerosos cursos de agua como el Guijuela y el Riansares- desaparecía y reaparecía en varias ocasiones antes de emerger definitivamente junto a Qal’at Rabah.

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Calatrava la Vieja. Vista aérea del alcázar.

    Se hallaba situada en el centro de la submeseta sur, en un importante cruce de caminos al abrigo del cual adquiriría gran desarrollo urbano y un indudable valor geopolítico y estratégico. Por Calatrava pasaba la ruta principal entre Córdoba y Toledo, y también los caminos de Mérida a Calatayud y del Atlántico a Levante, lo que generaba un intenso tráfico comercial y la convertía, al mismo tiempo, en punto clave del sistema defensivo de la Meseta, cubriendo los accesos a Córdoba frente a los reinos cristianos del norte.

            El alto valor estratégico de su emplazamiento explica la riqueza de sus cinco siglos de vida en lo que a acontecimientos se refiere. Qal’at Rabah jugó un papel decisivo tanto en las luchas civiles que enfrentaron a los muladíes de Toledo con el poder central cordobés, como en las diversas rebeliones bereberes acontecidas en época omeya (RUIBAL, 1984: 56-60).

            Su importancia se acentuó a raíz de su casi total destrucción a manos de rebeldes toledanos en el año 853 y de su inmediata reconstrucción por al-Hakam, hermano del emir Muhammad I (IBN AL-ATIR, ed. 1938: 231), quien al año siguiente ordenó repoblarla con gentes venidas de la antigua capital visigoda de la región, Urit -la actual Oreto- (HIMYARI, ed. 1963: 328; Dirk…, ed. 1983: 157). A partir de esa fecha, y como cabeza de una amplia comarca de La Mancha, se convirtió en el punto más importante de apoyo del poder central cordobés, desempeñando un papel fundamental, por el flanco sur, en el cerco que se trataba de imponer a la rebelde Toledo (MANZANO, 1989: 344-6), y poseyendo incluso gobernadores nombrados directamente desde Córdoba (IBN HAYYAN, Muqtabis V, ed. 1981: 32).

Arco triunfal del alcázar desde el interior de la medina.

            Tras la abolición del Califato, en 1031, Calatrava gozó de cierta independencia y notable prestigio, al tiempo que los reinos taifas de Sevilla, Córdoba y Toledo se disputaban su posesión. Hasta la llegada de los almorávides, los gobernantes de Calatrava se debatirían alternativamente, casi siempre por decisión propia, entre las esferas de influencia de los reinos toledano y sevillano (RUIBAL, 1984: 60-61).

            La ciudad pudo pasar por vez primera a manos cristianas en 1085, después de la conquista de Toledo por Alfonso VI. Pero, de ser cierta, esta ocupación habría sido muy breve como consecuencia de la inmediata llegada de los almorávides, que, tras la batalla de Zalaqa (1086), se apoderaron de toda la región, llegando hasta las inmediaciones de Toledo. A partir de entonces, Qal’at Rabah se convertirá en el más importante núcleo islámico frente al Toledo cristiano.

            En 1147, en pleno declive del poder almorávide, la ciudad fue tomada por Alfonso VII (Primera Crónica General de España, ed. 1977: 650), convirtiéndose entonces en la plaza cristiana más avanzada frente a los musulmanes. Ante la dificultad que suponía la defensa de una región tan amplia y tras fracasar la encomienda dada a los templarios, Sancho III entregó la plaza a la Orden del Cister (1158), lo que dio lugar al nacimiento de la primera Orden Militar hispana, que adoptaría el nombre propio del lugar (JIMÉNEZ DE RADA, De Rebus…, lib. VII, cap. XIII ; ed. 1989, p. 281-2).

Vista aérea del alcázar con sus dependencias bajomedievales. Al fondo, la iglesia calatrava
Vista aérea del alcázar con sus dependencias bajomedievales. Al fondo, la iglesia calatrava .

            Como cabeza de la Orden de su mismo nombre, Calatrava permaneció integrada en el reino de Castilla hasta 1195, año en que los almohades la recuperarán para el Islam a raíz de su victoria sobre Alfonso VIII en la batalla de Alarcos. No obstante, el propio Alfonso VIII la retomará definitivamente en 1212, pocos días antes de la batalla de las Navas de Tolosa (JIMÉNEZ DE RADA, De Rebus…, lib. VIII, cap. VI; ed. 1989, p. 313-5).

            La plaza, que volvió inmediatamente a manos de la Orden de Calatrava, inició a partir de entonces un irreversible proceso de decadencia. La nueva realidad política de la región provocó la completa desarticulación de los condicionantes geoestratégicos que habían asegurado durante siglos la prosperidad de la ciudad. Ésta, ubicada en un lugar malsano y demasiado lejos de la nueva línea de frontera, no era ya la sede más adecuada para la Orden, cuya cabeza se trasladaría muy pronto (1217) a la antigua fortaleza calatrava de Dueñas, unos sesenta kilómetros más al sur, que a partir de ese momento sería conocida como Calatrava la Nueva. La antigua Calatrava, citada desde entonces como Calatrava la Vieja, quedó como cabeza de una encomienda más de la Orden. Pocas décadas después, la fundación de Villa Real (Ciudad Real) supondría la condena definitiva de la vieja ciudad del Guadiana: la ciudad regia no sólo sustituyó en importancia a Calatrava la Vieja a nivel comarcal, sino que, además, provocó un ligero desvío del camino de Córdoba a Toledo, dejando a Calatrava fuera de la principal ruta de la región.

            Así, el ya entonces pequeño asentamiento calatravo continuó languideciendo, sin llegar a alcanzar la Edad Moderna. En los primeros años del siglo XV, la sede de la Encomienda fue trasladada a Carrioncillo -hoy Carrión de Calatrava-. A comienzos del siglo XVI, Calatrava aparece ya completamente abandonada, convertida en un despoblado arruinado próximo al viejo camino entre Andalucía y Toledo, tal como demuestra el testimonio de dos ilustres viajeros de la época, Fernando Colón y Andrés Navagero, quienes hacia 1520 y en 1526, respectivamente, se desviaron un poco de él para visitar las ruinas de la que fue antigua ciudad:

            “Calatraua la bieja hera çibdad despoblada e hera en tiempo de moros de doçientos vezynos e tiene las casas muy fuertes de tierra e tiene aun fortaleza e estan en pie los palacios del rrey moro e no mora en ella nadie por ser doliente por cabsa de los olores del guadiana que pasa junto con ella por la parte de malagon e tenia en tiempos moros e agora tiene una caba que se sale de guadiana llena de agua e arrida la villa e tornase a entrar en el rrio e lleva la cabeça del maestrazgo” (COLON, ed. 1910: 261 y 264).

            “Una legua más alla de Carrioncillo se pasa el Guadiana, dejando á la derecha la ciudad de Calatrava, situada en un cerro entre unos riscos que la circundan como fortísima muralla, pero está arruinada y desierta por los malos aires que en ella reinan á acusa del rio, que es allí pantanoso y está lleno de juncos y cañas como una laguna” (NAVAGERO, ed. 1983: 69).

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