CASTILLO DE ARÉVALO. Historia

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La villa de Arévalo (Ávila) se localiza junto a la Autovía A6, a la altura del kilómetro 123. Se encuentra a 50 Km de Avila, 58 de Segovia, 77 de Valladolid, 90 de Salamanca y 126 de Madrid; y está en el centro de la comarca de “La Moraña”. El castillo está ubicado en el extremo norte de la villa y presenta un fácil acceso tanto en coche como andando desde la localidad.

Historia:

La villa de Arévalo, protegida por los fosos naturales que forman los ríos Arevalillo y Adaja, estuvo poblada al menos desde época visigoda. Tras un desconocido hiato altomedieval, la repoblación castellana de la zona se realizó a partir de 1088 a cargo de Raimundo de Borgoña y cinco linajes nobles que asumirán la defensa de la villa, tanto de un posible ataque islámico cómo del vecino reino cristiano de León.

Para la buena defensa de la villa se construyó una muralla de estilo mudéjar a lo largo del S.XII, a la vez que se reutilizaron las torres de algunas iglesias a modo de atalayas defensivas. Las murallas de Arévalo, de la que aún se conservan restos de gran envergadura, poseían varias puertas y portillos; uno de los cuales se encuentra en buen estado de conservación en el propio interior de la Torre del Homenaje del Castillo.

A partir del S. XIV, la villa de Arévalo se vinculó a las reinas de Castilla; a principios de siglo era de María de Molina y a mediados de siglo lo fue de Blanca de Borbón, esposa de Pedro I; quién la recluyó en Arévalo en 1353, tres días después de su boda, para así poder volver con su amante María de Padilla.

Tras la muerte de Juan II en 1454, la villa de Arévalo pasó a pertenecer a su viuda Isabel de Portugal. Con ella, vivirán en Arévalo durante algunos años el infante Alonso y la infanta Isabel (la futura Reina Católica).

La debilidad política que caracterizó al reinado de Enrique IV se vio plasmada en las grandes cesiones que concedió a la nobleza a cambio de su apoyo. Uno de los principales beneficiados fue Álvaro de Zúñiga, Conde de Plasencia, que pasó a poseer en 1469 el título de Duque de Arévalo, arrebatándole esta villa a la reina Isabel de Portugal.

Castillo de Arévalo (Ávila). Entrada y torre mayor antes del inicio de la intervención arqueológica en la explanada exterior.

Durante el periodo en el que Álvaro de Zúñiga estuvo en posesión de la villa de Arévalo, se decidió construir una fortaleza en el vértice de unión de los dos ríos; tal como se refleja en su testamento “la fortaleza que yo e la dicha duquesa mi mujer en ella edificamos que fue entregada a la reina doña Ysabel”.

En la guerra de Sucesión producida tras la muerte de Enrique IV, el duque de Arévalo optó por el bando de Juana y Alfonso de Portugal, por lo que, a pesar de que se cambió de bando antes del fin de la guerra, los Reyes Católicos le confiscaron tanto la villa de Arévalo como su castillo en 1480, a cambio de una compensación económica.

Tras la muerte de Isabel en 1504, comenzó una gran reforma del castillo, que lo transformará en una fortaleza artillera renacentista.

Más tarde, la villa de Arévalo fue cedida por Fernando el Católico en su testamento a su segunda mujer, Germana de Foix, provocando con esta decisión que la villa se levantase en armas bajo el mando de Juan Velázquez (albacea de la reina Isabel), para poder seguir siendo villa de realengo. Tras un fuerte sitio que duró varios meses, en el que murió el hijo de Juan Velázquez, la villa acabó rindiéndose en 1517.

Después, a cambio del apoyo incondicional de la villa a la causa imperial en la guerra de las Comunidades, Arévalo volvió a convertirse en una villa de realengo en 1520.

A lo largo del S. XVI, Arévalo entró en un letargo y su castillo únicamente cumplió una función de prisión, destacando presos de relevancia como el príncipe Guillermo de Orange.

Grabado del castillo de Arévalo. Litografía de F.J. Parcerisa: Recuerdos y bellezas de España. S. XIX

Los dibujos y descripciones del S. XIX nos muestran un castillo arruinado. Esta ruina cesó a mediados del S. XX, cuando el pueblo cedió el edificio al Ministerio de Agricultura, quién decidió reutilizar el castillo como granero. La restauración que ahora se lleva a cabo pretende proteger el edificio de varias amenazas de derrumbes y desprendimientos, así como parar el deterioro que estaban produciendo las humedades. Todo ello, bajo el máximo respeto al edificio histórico y tratando de poner en valor todas las estructuras arquitectónicas de su Historia

Excavación arqueológica en el CASTILLO de SAN PEDRO DE LATARCE (Valladolid). 2011.

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En el transcurso de las obras de consolidación que se realizan en el castillo de San Pedro de Latarce (Valladolid) por parte de la Consejería de Cultura y Turismo de la Junta de Castilla y León, mediante proyecto de Fernando Cobos Guerra, se han producido importantes resultados.

El castillo es un recinto fortificado con una muralla construida mediante un encofrado de cantos rodados y argamasa de cal y arena. Se encuentra algo elevado, controlando el paso del río Sequillo, que discurre al norte.

La fortificación de San Pedro de Latarce tiene tres grandes fases constructivas:

1/ Un recinto amurallado principal, obra de Alfonso IX de León, de finales del siglo XII.

2/ Un castillo medieval con torre exterior, obra de la reina Dña. María de Molina, de comienzos del siglo XIV.

3/ Un palacio señorial, obra de la familia Bazán, de los siglos XV a XVII.

La intervención arqueológica ha afectado a dos áreas del recinto amurallado: una al interior y otra al exterior. Al interior, se ha excavado una pequeña zona, de forma alargada siguiendo la muralla en su lado noroeste, con el objetivo de determinar la potencia arqueológica de la fortificación y ver cuál era el estado de la cimentación de la muralla. En ella se han documentado dos hoyos o silos amortizados, que son anteriores a la muralla y a los niveles originales de la fortificación; y además, un suelo de cal.

Al exterior, ha aparecido el acceso original del castillo, que hasta este momento estaba oculto por un chapado de adobes. Su posible evolución sería:

1/ Una puerta simple y recta con mochetas y bóveda de sillería.

2/ Dos grandes macizos constructivos de sillería al exterior, perpendiculares y a ambos lados de la puerta, que crean un pasillo recto de acceso a ésta.

3/ Posible transformación de los dos grandes macizos en una gran torre exterior, tras ser unidos en altura

4/ Tapiado y macizado del pasillo de la parte baja de la torre que daba acceso a la puerta del recinto del siglo XII y apertura de una nueva a la derecha de la antigua.

Bordeando por el norte y el este de estos macizos se ha encontrado un suelo de canto rodado que parece ser muy posterior a toda la fortificación. También se han documentado parcialmente los restos de una báscula para el pesado de la uva, de mediados del S. XX.

Esta pequeña intervención ha dado unos resultados muy interesantes pero sería necesario plantear futuras intervenciones para poder conocer la evolución de todo el recinto y, así, realizar una obra de restauración para su puesta en valor del castillo y disfrute de la sociedad.

CASTILLO DE SAN PEDRO DE LATARCE. Historia

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San Pedro de Latarce (Valladolid) se encuentra en el corazón de la actual Comunidad Autónoma de Castilla y León, en un punto de importancia estratégica, sobre todo en el pasado. Se encuadra dentro de la comarca de Tierra de Campos y sin embargo roza con los Montes Torozos y la Tierra del Pan, situada en el tramo final del río Sequillo tributario del Valderaduey, afluente a su vez del Duero. Pertenece a la provincia de Valladolid limitando con la de Zamora, y al partido judicial de Mota del Marqués, su principal vía de comunicación es la autovía A-6 cuyo enlace está a 5 kilómetros de la población. Actualmente la población del municipio no supera los 600 habitantes, sin embargo la estructura urbana del municipio revela un pasado más populoso y una dilatada historia. El casco urbano se asienta en una zona ligeramente elevada de la margen izquierda del río Sequillo en el arranque de un pequeño valle que el río forma hasta el vecino pueblo de Belver de los Montes. Su ubicación está justificada por ser éste un punto de paso del río, poseyendo un puente de temprana datación.

Vista aérea de San Pedro de Latarce (Valladolid), con el castillo en primer término.

No dudamos de la segura preexistencia de moradores en estas tierras y creemos que seguramente la villa estuvo poblada con anterioridad a la construcción de su castillo, pues el pueblo vacceo ocupó mucho antes estos campos, al igual que los romanos a los que algunos historiadores atribuyen el origen de San Pedro de Latarce y otros, como Federico Wattenberg, que les atribuyen incluso la construcción del castillo. En cualquier caso, la primera referencia escrita en la que se hace referencia expresa al castelum S. Petri de Taraza data de 1203, cuando el rey Alfonso IX de León otorga el castillo a la Orden del Temple; sin embargo, en 1021, en documentos de la catedral de León ya se nombra a San Pedro de la Taraza entre los municipios en torno al Monte Taraza.

El actual pueblo de San Pedro de Latarce, como otros muchos de su entorno, tiene una larga historia, que se remonta con toda seguridad a los primeros pobladores de la comarca donde se enclava: en el siglo XI. Hasta ahora, no se ha datado con seriedad ningún vestigio arqueológico del municipio, ni se ha realizado ningún estudio histórico en profundidad sobre el mismo; sin embargo, el lugar del asentamiento, el trazado urbano y el cruce de caminos que en este lugar se produce —según Federico Wattenberg, dos calzadas romanas—, unido a hallazgos arqueológicos ubicados en su término municipal, a la antigua presencia de un puente de datación medieval o incluso anterior y, sobre todo, a la presencia del castillo, indican una actividad humana que seguramente se inició con anterioridad a la construcción de éste último.

Pensamos que fue Alfonso IX, rey de León quien a finales del siglo XII mandó construir el castillo de Sancti Petri de Taraza, como hace también otro en Belver de los Montes, a apenas 9 km río abajo, donde consta que manda construir un recinto amurallado de técnica constructiva similar a la de Latarce, adosado a un castillo que existía en la cumbre. La orden de construcción se enmarcaba dentro de las tensiones y disputas entre los reinos de Castilla y de León, ya que San Pedro de Latarce forma parte de la línea de frontera leonesa frente a la vecina Urueña castellana que se fortifica también en esta época.

Paramento exterior del castillo de San Pedro de Latarce, sin torres de flaqueo.

El castillo se sitúa en un extremo de la villa desde el que se controla el acceso por el río, que lo rodea parcialmente junto con una gran laguna o arroyo. Es una ubicación de carácter defensivo que hace presuponer la existencia previa de una posible mota u otra construcción defensiva que protegiera el puente, que suponemos construido ya a finales del XII. De este modo, el nuevo castillo se construye siguiendo la forma irregular de la mota inicial y separado de la villa, de modo que se tendrá que construir un puente levadizo para acceder al castillo desde el espacio que queda entre él y la villa.

La construcción del recinto amurallado completo no debió dilatarse mucho en el tiempo, a juzgar por la uniformidad constructiva del mismo; y ya en 1203, Alfonso IX cede el castillo a la Orden del Temple, quien lo ocupará hasta principios del siglo XIV. Desconocemos las construcciones interiores que albergaría el castillo en esta etapa, pero suponemos que serían en su mayoría de madera, apoyadas sobre los muros perimetrales y cercanas a la puerta de acceso.

En el primer cuarto del siglo XIV se produjo una batalla en San Pedro de Latarce, en la que el infante don Juan “el Tuerto” cerca a Álvar Núñez de Osorio dentro del castillo; creemos que para entonces ya se habría construido una fortaleza medieval de piedra sillar —de la que formaría parte la torre de acceso que aún se conservaba en 1786—. Este castillo medieval se habría construido durante  el reinado de Alfonso XI y bajo la tutoría de la reina regente María de Molina. El poema de Alfonso XI, donde se habla de la citada batalla, atribuye la posesión del castillo al infante don Felipe y a don Juan el ataque al mismo; ambos infantes eran regentes de Alfonso XI entre 1321 y 1325, por lo que sería razonable pensar que el castillo medieval se hubiese construido poco antes, enmarcado dentro del conjunto de castillos que mandó construir María de Molina en una etapa de tensiones internas por la regencia tras la muerte de su marido Fernando IV.

A fines del siglo XIV, la familia Bazán, un buen ejemplo de la nobleza trastamarista con raíces en la comarca de la Valduerna (León), era la dueña del castillo y de la villa. Con anterioridad, desde Navarra, donde habían sido ricoshombres y ocupado cargos relevantes, una rama de los Baztán-Bazán había emigrado a Castilla en el siglo XIII. En tiempos de Juan I (1379-1390), Pedro González de Bazán gozaba de los señoríos de San Pedro de Latarce y de Ceinos de Campos.

En el siglo XVI, la heredera de la familia, María de Bazán, cuarta vizcondesa de Palacios de la Valduerna y séptima señora de La Bañeza, San Pedro de Latarce y Ceinos, casó con Francisco de Zúñiga y Avellaneda, cuarto conde de Miranda del Castañar. El hijo primogénito de ambos, Pedro de Zúñiga y Avellaneda y Bazán, sería el primer marqués de La Bañeza. Tras el matrimonio de María de Zúñiga y Avellaneda y Bazán con su tío carnal, Juan de Zúñiga y Avellaneda, la posesión de San Pedro de Latarce pasó ya a ser dominio de los duques de Peñaranda de Duero. Será durante este periodo cuando seguramente se construya la zona palacial dentro del castillo, en su zona norte, abriéndose los grandes ventanales que hoy se presentan cegados.

 

Interior del castillo de San Pedro de Latarce, mostrando las huellas del palacio de los Bazán.

La posesión del castillo por parte de los condes de Miranda del Castañar y duques de Peñaranda de Duero se prolongó hasta finales del siglo XVIII, apareciendo citado en numerosos pleitos en años anteriores, hasta llegar al pleito de 1786 entre el conde y su arrendatario Gregorio Domínguez, del que se desprende gran cantidad de información referente al castillo.

 

BIBLIOGRAFÍA:

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CALATRAVA LA VIEJA. Bibliografía

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Damos a conocer la principal bibliografía relacionada con este importante yacimiento medieval español:

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CALATRAVA LA VIEJA. Historia

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            Si hay un yacimiento emblema de la empresa de arqueología NRT. Arqueólogos, ese es Calatrava La Vieja, mítica ciudad islámica y origen de la primera orden militar castellana. NRT, Arqueólogos, desde 1984, lleva trabajando en la investigación de este yacimiento.

            En la actualidad, el yacimiento de Calatrava la Vieja es propiedad de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, y forma parte de la red de Parques Arqueológicos de dicha Junta, dentro del Parque Arqueológico de Alarcos-Calatrava.

Su horario es:
Del 1 de octubre al 31 de marzo: viernes, sábados y domingos, de 10:30 a 14:00 y de 15:30 a 17:30 horas.

Del 1 de abril al 31 de mayo: viernes, sábados y domingos, de 10:30 a 14:00 y de 15:30 a 20 horas.

Del 1 de junio al 31 de agosto: abierto todos los días: de 10:00 a 14:30 y de 16:30 a 20 horas.

Del 1 al 30 de septiembre: viernes, sábados y domingos, de 10:30 a 14:00 y de 15:30 a 20 horas.

Tarifas:

- General: 4 €

- Niños con carnet joven y grupos de más de 10 personas: 2 €

Para más información: contactar con el Ayuntamiento de Carrión de Calatrava: 926 814081
Delegación Provincial de Ciudad Real. Tfno. 926 221337.

Mapa situación Calatrava la Vieja

            La ciudad de Calatrava (Qal’at Rabah), actual Calatrava la Vieja, fue fundada en época omeya (HIMYARI, ed. 1938: 196), en un emplazamiento en la orilla izquierda del río Guadiana, de alto valor estratégico, pero insalubre y casi con toda seguridad despoblado en aquel momento. Aunque se han detectado estructuras y materiales de la Edad del Bronce y de época ibérica, no se conocen restos que nos permitan sospechar la existencia de población en este lugar en épocas romana y visigoda.

            La primera mención documental conocida de Calatrava data de finales del s. VIII, Así, en 785, el emir de Córdoba, Abd al-Rahman I, persiguió al rebelde toledano Abu al-Aswad hasta la fortaleza de Calatrava (IBN AL-ATIR, ed. 1938: 132). No se conoce nada, en cambio, del epónimo Rabah, aunque lo más probable es que tome el nombre de su fundador o de la primera persona a la que le fuese encomendada su tenencia, como sucede con otras poblaciones de fundación andalusí de ese momento.

            En época omeya, Calatrava fue la capital de una extensa región dividida en numerosos “iqlim” (distritos). Los geógrafos árabes conocieron muy bien la región pantanosa situada al noreste de Calatrava, describiéndola como el lugar donde el Guadiana superior -nombre con el cual confundían numerosos cursos de agua como el Guijuela y el Riansares- desaparecía y reaparecía en varias ocasiones antes de emerger definitivamente junto a Qal’at Rabah.

nrt arqueologos Calatrava la Vieja alcázar
Calatrava la Vieja. Vista aérea del alcázar.

    Se hallaba situada en el centro de la submeseta sur, en un importante cruce de caminos al abrigo del cual adquiriría gran desarrollo urbano y un indudable valor geopolítico y estratégico. Por Calatrava pasaba la ruta principal entre Córdoba y Toledo, y también los caminos de Mérida a Calatayud y del Atlántico a Levante, lo que generaba un intenso tráfico comercial y la convertía, al mismo tiempo, en punto clave del sistema defensivo de la Meseta, cubriendo los accesos a Córdoba frente a los reinos cristianos del norte.

            El alto valor estratégico de su emplazamiento explica la riqueza de sus cinco siglos de vida en lo que a acontecimientos se refiere. Qal’at Rabah jugó un papel decisivo tanto en las luchas civiles que enfrentaron a los muladíes de Toledo con el poder central cordobés, como en las diversas rebeliones bereberes acontecidas en época omeya (RUIBAL, 1984: 56-60).

            Su importancia se acentuó a raíz de su casi total destrucción a manos de rebeldes toledanos en el año 853 y de su inmediata reconstrucción por al-Hakam, hermano del emir Muhammad I (IBN AL-ATIR, ed. 1938: 231), quien al año siguiente ordenó repoblarla con gentes venidas de la antigua capital visigoda de la región, Urit -la actual Oreto- (HIMYARI, ed. 1963: 328; Dirk…, ed. 1983: 157). A partir de esa fecha, y como cabeza de una amplia comarca de La Mancha, se convirtió en el punto más importante de apoyo del poder central cordobés, desempeñando un papel fundamental, por el flanco sur, en el cerco que se trataba de imponer a la rebelde Toledo (MANZANO, 1989: 344-6), y poseyendo incluso gobernadores nombrados directamente desde Córdoba (IBN HAYYAN, Muqtabis V, ed. 1981: 32).

Arco triunfal del alcázar desde el interior de la medina.

            Tras la abolición del Califato, en 1031, Calatrava gozó de cierta independencia y notable prestigio, al tiempo que los reinos taifas de Sevilla, Córdoba y Toledo se disputaban su posesión. Hasta la llegada de los almorávides, los gobernantes de Calatrava se debatirían alternativamente, casi siempre por decisión propia, entre las esferas de influencia de los reinos toledano y sevillano (RUIBAL, 1984: 60-61).

            La ciudad pudo pasar por vez primera a manos cristianas en 1085, después de la conquista de Toledo por Alfonso VI. Pero, de ser cierta, esta ocupación habría sido muy breve como consecuencia de la inmediata llegada de los almorávides, que, tras la batalla de Zalaqa (1086), se apoderaron de toda la región, llegando hasta las inmediaciones de Toledo. A partir de entonces, Qal’at Rabah se convertirá en el más importante núcleo islámico frente al Toledo cristiano.

            En 1147, en pleno declive del poder almorávide, la ciudad fue tomada por Alfonso VII (Primera Crónica General de España, ed. 1977: 650), convirtiéndose entonces en la plaza cristiana más avanzada frente a los musulmanes. Ante la dificultad que suponía la defensa de una región tan amplia y tras fracasar la encomienda dada a los templarios, Sancho III entregó la plaza a la Orden del Cister (1158), lo que dio lugar al nacimiento de la primera Orden Militar hispana, que adoptaría el nombre propio del lugar (JIMÉNEZ DE RADA, De Rebus…, lib. VII, cap. XIII ; ed. 1989, p. 281-2).

Vista aérea del alcázar con sus dependencias bajomedievales. Al fondo, la iglesia calatrava
Vista aérea del alcázar con sus dependencias bajomedievales. Al fondo, la iglesia calatrava .

            Como cabeza de la Orden de su mismo nombre, Calatrava permaneció integrada en el reino de Castilla hasta 1195, año en que los almohades la recuperarán para el Islam a raíz de su victoria sobre Alfonso VIII en la batalla de Alarcos. No obstante, el propio Alfonso VIII la retomará definitivamente en 1212, pocos días antes de la batalla de las Navas de Tolosa (JIMÉNEZ DE RADA, De Rebus…, lib. VIII, cap. VI; ed. 1989, p. 313-5).

            La plaza, que volvió inmediatamente a manos de la Orden de Calatrava, inició a partir de entonces un irreversible proceso de decadencia. La nueva realidad política de la región provocó la completa desarticulación de los condicionantes geoestratégicos que habían asegurado durante siglos la prosperidad de la ciudad. Ésta, ubicada en un lugar malsano y demasiado lejos de la nueva línea de frontera, no era ya la sede más adecuada para la Orden, cuya cabeza se trasladaría muy pronto (1217) a la antigua fortaleza calatrava de Dueñas, unos sesenta kilómetros más al sur, que a partir de ese momento sería conocida como Calatrava la Nueva. La antigua Calatrava, citada desde entonces como Calatrava la Vieja, quedó como cabeza de una encomienda más de la Orden. Pocas décadas después, la fundación de Villa Real (Ciudad Real) supondría la condena definitiva de la vieja ciudad del Guadiana: la ciudad regia no sólo sustituyó en importancia a Calatrava la Vieja a nivel comarcal, sino que, además, provocó un ligero desvío del camino de Córdoba a Toledo, dejando a Calatrava fuera de la principal ruta de la región.

            Así, el ya entonces pequeño asentamiento calatravo continuó languideciendo, sin llegar a alcanzar la Edad Moderna. En los primeros años del siglo XV, la sede de la Encomienda fue trasladada a Carrioncillo -hoy Carrión de Calatrava-. A comienzos del siglo XVI, Calatrava aparece ya completamente abandonada, convertida en un despoblado arruinado próximo al viejo camino entre Andalucía y Toledo, tal como demuestra el testimonio de dos ilustres viajeros de la época, Fernando Colón y Andrés Navagero, quienes hacia 1520 y en 1526, respectivamente, se desviaron un poco de él para visitar las ruinas de la que fue antigua ciudad:

            “Calatraua la bieja hera çibdad despoblada e hera en tiempo de moros de doçientos vezynos e tiene las casas muy fuertes de tierra e tiene aun fortaleza e estan en pie los palacios del rrey moro e no mora en ella nadie por ser doliente por cabsa de los olores del guadiana que pasa junto con ella por la parte de malagon e tenia en tiempos moros e agora tiene una caba que se sale de guadiana llena de agua e arrida la villa e tornase a entrar en el rrio e lleva la cabeça del maestrazgo” (COLON, ed. 1910: 261 y 264).

            “Una legua más alla de Carrioncillo se pasa el Guadiana, dejando á la derecha la ciudad de Calatrava, situada en un cerro entre unos riscos que la circundan como fortísima muralla, pero está arruinada y desierta por los malos aires que en ella reinan á acusa del rio, que es allí pantanoso y está lleno de juncos y cañas como una laguna” (NAVAGERO, ed. 1983: 69).

CASTILLO DE PONFERRADA. Historia

4 LEÓN, Castillo de Ponferrada 1 Comentario »

            El poblamiento en el cerro del castillo de Ponferrada se remonta a la Edad del Hierro I, aunque será en el periodo medieval cuando se forme el importante conjunto monumental y arqueológico que podemos contemplar en la actualidad. Para Nrt, Arqueólogos, es un verdadero honor el haber podido llevar a cabo todas las intervenciones arqueológicas en este edificio desde el comienzo de su rehabilitación en 1996.

            En este blog os iremos contando poco a poco la historia de este importante castillo y las intervenciones que hemos realizado en estos años. Para comenzar os explicaremos en líneas generales la historia de este edificio.

Nrt arqueólogos, entrada al castillo de Ponferrada (León)

Famosa entrada al castillo de Ponferrada, conocido como el castillo de los Templarios.

En 1196 Alfonso VIII de Castilla ataca el Bierzo, lo que obliga a Alfonso IX de León a reforzar su presencia en la zona y a que emprenda la “puebla” de la villa, organizada por el adelantado Fernán Fernández. En 1211 Alfonso IX hace las paces con la Orden del Temple y les dona la villa de Ponferrada. En 1226 los templarios ya habían fortificado la villa.

Durante el reinado de Fernando IV se produce el juicio contra los templarios y, para evitar la confiscación de Ponferrada, el maestre del Temple, Rodrigo Yánez, entrega la villa al infante don Felipe. Ante las quejas de su tío, el infante don Juan, el rey obliga al maestre a que entregue primero la fortaleza a la corona, para más tarde, en 1310, dársela a éste. Su hijo, don Juan “el tuerto”, es mandado asesinar en Toro en 1324 por orden de Alfonso XI, confiscándosele todas sus villas. La tenencia de Ponferrada se encomendará entonces al conde Alvar Núñez Osorio que a su vez, en 1327, pierde el favor real y su cabeza.

En 1340 Alfonso XI dona Ponferrada a don Pedro Fernández de Castro, su mayordomo mayor, quien comienza seguramente la construcción el llamado castillo viejo. Este fallece en 1343, durante el sitio de Algeciras y a su muerte el castillo pasa a su hija, Juana de Castro. En 1354 su hermano Fernando de Castro utilizará Ponferrada como base para sus ataques contra Pedro I, reuniendo un ejército de 730 hombres a caballo y 1.200 hombres a pie.

Castillo Viejo de Ponferrada. Nrt arqueólogos

En un extremo de la antigua cerca templaria construyó Pedro de Castro el llamado Castillo Viejo.

Doña Juana de Castro muere sin descendencia, el 21 de agosto de 1374. Acto seguido Enrique II se apropia del castillo y se lo entrega a su hijo Enrique que lo mantiene hasta 1394 en que se lo confisca por rebelarse contra él. El rey lo entrega entonces al conde Pedro Enríquez. A su muerte, lo hereda su hijo Fadrique Enríquez, duque de Arjona, que en 1430 es apresado y ahorcado por orden de Juan II de Castilla, acusado de apoyar a los infantes de Aragón. Su viuda Aldonza de Mendoza testa en 1435 y, al no tener hijos, deja Ponferrada a su primo Pedro Manrique, que a su vez muere en 1440 dejando la fortaleza a su hijo Diego Manrique.

Ese mismo año Manrique es obligado a entregar la posesión de Ponferrada a Pedro Álvarez Osorio, conde de Lemos, que le reclamaba por haber casado con Beatriz de Castro, hermana del Duque de Arjona. Sin embargo, Diego Manrique no quedó conforme y en su testamento de 1456 dice: “Y la mí villa de Ponferrada, que don Pedro Alvarez de Osorio me tiene ocupada”.

Por este motivo, el matrimonio Osorio-Castro inicia obras de reforzamiento de las defensas del castillo. En 1453 fundan mayorazgo en la persona de su hijo Alonso Osorio. Dos años más tarde muere Beatriz de Castro, dejando sus bienes a su hijo, Alonso, que toma posesión de Ponferrada el 14 de mayo de 1455. Las relaciones padre e hijo no fueron muy fluidas y se deterioraron mucho. Alonso Osorio fallece el 19 de agosto de 1467, dejando un bastardo llamado Rodrigo, y volviendo Ponferrada a manos de su padre.

Ese mismo año se produce la rebelión de los Irmandiños que arrasó gran parte de las fortalezas de los nobles gallegos y las del conde de Lemos, entre otras, al que expulsaron de sus posesiones gallegas. Después de la Irmandada debe rehacer sus castillos; aunque el de Ponferrada, al no ser tomado, no sufrió demasiados desperfectos. Al año de morir su hijo, Pedro Alvarez Osorio casa en segundas nupcias con María de Bazán, viuda de Juan de Zúñiga y en 1470 nace su hija Juana Osorio. Se realizaron entonces importantes obras en todo el castillo.

Nrt arqueologos, castillo de Ponferrada, empresa de arqueología

La torre de Malvecino es una de las construidoas por Pedro Álvarez Osorio, Conde de Lemos.

En 1483 el conde de Lemos muere en su castillo de Cornatel, y su nieto Rodrigo Osorio ocupa Corullón y Ponferrada. La fortaleza es disputada por Juana Osorio y sigue siendo reclamada por los Manrique. Fernando el Católico le promete entonces el amparo de sus fortalezas a cambio de entregar Ponferrada a la Corona. En 1484 el rey convoca una comisión que no resuelve el problema sucesorio, por lo que los Reyes Católicos deciden adjudicar Ponferrada a Juana Osorio.

Castillo de Cornatel

Cornatel sirvió de retiro al primer conde de Lemos.

Rodrigo Osorio, segundo conde de Lemos, no acata la sentencia y en 1485 pone cerco a Ponferrada, tomando la fortaleza vieja en abril de ese año. La Corona reacciona secuestrando los bienes y fortalezas del conde y encomendando a Almirante de Castillla la formación de un ejército de 600 lanzas y de cinco a seis mil peones para la toma de todas las plazas y lugares del Bierzo que apoyaban al conde. En julio de 1486 las tropas están sobre Ponferrada y le conminan a rendir la fortaleza en término de ocho días. El conde no se rinde y en abril de 1486 los Reyes Católicos compran los derechos sobre la villa de Ponferrada a doña María de Bazan y sus hijos por 23 millones de maravedís. Adquirida la titularidad por la Corona, emprende ésta un duro asedio con artillería, y en el verano del 86 la toman al asalto.

Tras este suceso, los Reyes Católicos inician en Ponferrada obras de reparación y refuerzo de la fortaleza y así, en 1486, se hace un pago al artillero Gonzalo Vazques, “el cual tuvo cargo de hacer las mantas e reparos que se hiceron para la artilleria e que le mandamos quedar en la fortaleza de Ponferrada a dar orden e hacer una cava e una barrera entre el castillo viejo e nuevo quel Rey e la Reyna nuestros señores mandaron hacer”. Igualmente sabemos que Fernando el Católico “mando hacer un atajo dentro de lafortaleza en entrando a la mano izquierda cabe una torre que se llama de Monclin”. Los Reyes Católicos nombran alcaide a Juan de Torres y en 1506 Fernando ordena pagar a su hijo, también llamado Juan de Torres, 174.400 mrs. Porque “gasto de sus propios dineros en una torre de cal y canto con un zaguan e en otras ciertas obras e reparos que fiso hacer e labrar en la dha fortaleza de Ponferrada”.

Torre de Moclín

Torre de Moclín.

A finales de 1506, la reina viuda doña Juana I ordena al corregidor de Ponferrada que le relacione las necesidades de la fortaleza. En febrero de 1507 se realiza un memorial por el Comendador Fernando de Torres, alcaide del castillo, de las obras que faltan en la fortaleza de Ponferrada y de las necesidades de guarnición, ante las intenciones de los comarcanos y de “como algun gran señor tiene el ojo y respeto aver esta fortaleza si su Alteza en esto no provee”. Pocos meses después el conde de Lemos vuelve a tomar la fortaleza de Ponferrada, con el apoyo del marqués de Astorga sin que el alcaide real pueda hacer nada por defenderse. La reacción del Consejo Real es astuta; por una parte, prometen al conde de Lemos examinar dentro de un año la reclamación sobre la fortaleza y la villa de Ponferrada, y por otro ordenan al conde de Benavente y al duque de Alba que formen un ejército para expulsar al conde de Lemos. Estos rápidamente organizan una tropa de 211 lanzas y 311 infantes, que ocupa Ponferrada, retirándose el conde Rodrigo Osorio a Galicia.

A partir de 1505 se habían comenzado a reparar las murallas de la villa, que eran de tierra y en 1512 se reconstruye la puerta que daba a la pza. de san Andrés. En 1520, muerto Don Rodrigo, la nueva condesa de Lemos escribe a Carlos Y diciendo que continuará al servicio de la Corona “como su padre” y el Emperador ordena entonces que se refuerce la guarnición de Ponferrada.

BIBLIOGRAFÍA:

Fernando Cobos Guerra & José Javier de Castro Fernández: Castilla y León. Castillos y Fortalezas. León, 1998.

Fernando Cobos Guerra & José Javier de Castro Fernández: Castillo de Ponferrada. León, 2002.

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