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Mina de Almadén

Situaciónaire Historiaaire Bibliografíaaire Intervenciones

  • 2007

Historia

No se sabe cuando comenzó la explotación de la mina de Almadén, aunque es posible que se remonte a la época de los fenicios y cartagineses. Durante la dominación romana la mina tuvo una gran importancia, pues se convirtió en el principal centro de producción de bermellón del Imperio.
            El bermellón no es otra cosa que cinabrio de gran riqueza, molido y lavado para eliminar las impurezas que contenía, generalmente de cuarzo. El bermellón se obtenía moliendo el cinabrio hasta reducirlo a polvo y lavándolo varias veces, consiguiendo un color rojo muy potente. Con él se pintaban de color rojo múltiples cosas y objetos de lujo, desde los ojos de las estatuas de los emperadores hasta los coloretes de las mejillas de las patricias romanas.
            La importancia de esta mina nos la muestra Teophrasto cuando decía que “se estimaba mucho el cinabrio duro y de finas arenas que procedía de Hispania” o Plinio cuando nos explica que “esta mina se cerraba con llave, la cual guardaba el gobernador de la provincia y cada vez que la había de abrir era necesario una orden del Emperador, y que se volvía a cerrar en sacando la cantidad suficiente para enviar a Roma”.
            Una característica de la explotación en época romana es que la transformación del mineral se hacía en Roma, y no en Almadén. La utilización del mercurio o azogue por los romanos fue escasa, según Plinio el “argentum vivum (azogue virgen) que resuda el mineral, era útil para limpiar el oro de las impurezas”.   El trabajo de la explotación fue llevado por esclavos, que tuvieron que aguantar un trabajo duro e insalubre.
            La ubicación de la mina o minas de azogue explotadas por los romanos es un tema que aún hoy en día es controvertido. Actualmente se identifica a la Bienvenida con la ciudad de Sisapo, aunque las minas de cinabrio, según Plinio, se encontraban en la región sisaponense, no en la propia ciudad. Por lo que parece lógico pensar que la famosa mina era en realidad un conjunto formado por la minas de Las Cuevas, Guadaperal; las cuales, al redescubrirse durante el S. XVIII, presentaban signos de haber sido explotadas por los romanos, y la mina de Almadén, que debido a una intensa explotación milenaria, ha borrado los restos de antiguas explotaciones. La razón por la que Sisapo se encuentra apartada de estas minas se debe a que era un centro gestor de un gran conjunto de minas de esta zona de Sierra Morena.
Durante la baja romanidad y el reino visigodo, las minas tuvieron que bajar mucho su producción, aunque tanto San Agustín como San Isidoro de Sevilla hablan de la explotación de la mina. Será durante el dominio islámico de al-Andalus cuando la mina adquiriese mayor importancia, cuando el azogue sería utilizado en medicina y como amalgama del oro y de la plata. Una nueva utilidad que hasta el momento no había sido estudiada apenas en España, son las numerosas piezas de cobre sobredoradas al fuego —adornos de jaez, correaje, etc.— en las que el mercurio es un componente esencial. Muchas de estas piezas han aparecido en las excavaciones arqueológicas su cabecera administrativa —Calatrava La Vieja— y en otros yacimientos medievales de la provincia, como Alarcos.
            Será durante este periodo, cuando la mina adquiera una importancia relevante tomando el nombre de al-madin —la mina en árabe—, dependiendo administrativamente de la ciudad de Qalat al-Rabat (Calatrava la Vieja, Carrión de Calatrava). Tal fue su importancia, que Ibu Fadi Allak´Omari, nos dice que “… al norte de Córdoba hay una mina, de la que se extrae azogue y cinabrio que son exportados al mundo entero”.
            Tras la conquista cristiana de la zona entre el S. XII y XIII, las minas fueron donadas por Alfonso VIII a la Orden de Calatrava, quien siguió explotando la mina y produciendo azogue, bermellón y solimán —sublimado corrosivo, que fundamentalmente se utilizaba para curtir cuero—, que se distribuía por Europa, el Mediterráneo, y llegando incluso a Asia.
            A partir del S. XV, la Orden de Calatrava arrendará la mina a genoveses y catalanes, quienes se harán cargo de la explotación y comercialización de sus productos.
            A partir de 1512 los beneficios de la mina pasan a la corona como parte del maestrazgo de la Orden de Calatrava, y en 1523 la corona se hizo poseedora única de la mina.
            Con el descubrimiento de las minas de oro y plata de América y la aparición del método del patio para la amalgación de los minerales, por el cual, gracias a la utilización de azogue se redujeron los costes de producción y se consiguió que minas pobres en mineral fuesen rentables, la demanda de azogue aumentó considerablemente.
            Durante el S. XVI la monarquía arrendó las minas a diferentes personas, destacando entre ellas la familia de los Fugger, llamados Fúcares en Castilla, quienes acabarán arrendando la mina a lo largo de más de un siglo, debido a que la monarquía les tenía que ceder la renta de los maestrazgos a cambio de las importantes sumas de dinero que estos banqueros adelantaban. El arriendo de los Fugger en Almadén terminó en 1645, cuando la casa entró en bancarrota, en ese momento la Hacienda Real se hizo cargo de la mina.
Uno de los grandes avances del S. XVII será la instalación de los hornos de alaudeles en 1646 por parte de Juan Alonso Bustamante, que irán sustituyendo paulatinamente a los hornos de xabecas.
            Con el fin de impedir las fugas de los presos, Mateo Naguelio ordenó construir en 1644 una galería que comunicaba la cárcel de forzados con el socavón de la mina del Pozo.
            El S. XVIII comenzó con la explotación de la Mina del Castillo, descubierta en 1697, cuando se descubrieron muestras de roca de cinabrio en el corral de una casa cerca del castillo. Gracias a la explotación de esta mina, la producción de azogue aumentó considerablemente durante este siglo.
            El S. XIX se caracterizó por la práctica desaparición de los entibamientos de madera, sustituyéndolos por mampostería. La producción sigue siendo muy alta apareciendo nuevos descubrimientos, como el de la Concepción Nueva de Almadenejos. Se introducen bombas mecánicas para el desagüe y ascensores para subir y bajar obreros y mineral.
            El último tercio de este siglo se caracteriza por el arrendamiento de la mina a la familia de los Rostchild en 1870, quienes se encargarán de la explotación de la mina.
            El S. XX comenzó con la posibilidad de vender el establecimiento minero, posibilidad que acabará con la creación del Consejo de Administración de las Minas de Almadén y Arrayanes, con sede en Madrid, en 1918.
            El Consejo se encargará de modernizar el establecimiento minero, dotarlo de una central eléctrica, nuevos hornos y sistemas modernos de explotación, aunque sin llegar a convertir a Almadén en un centro puntero de la minería. Durante la Guerra Civil, la mina no dejo de funcionar y tras el conflicto, el cinabrio se convirtió en un producto muy valioso de exportación, por la necesidad de mercurio para la industria armamentística, ya que se utilizaba como fulminante en las armas.
             En estos años se utilizaron presos políticos para realizar trabajos forzosos en la mina, lo que contribuyó a conseguir la mayor producción de mercurio de la historia en 1941. Hacia 1950 trabajaban en la mina unos 2.200 obreros.
            Fue a partir de la década del 70 cuando comenzó a realizarse una campaña internacional en contra del uso del mercurio en una serie de usos industriales y agrícolas, por su carácter contaminante, lo que conllevó un descenso del consumo y del precio.
            De la década del 70 a la del 90, Almadén fue líder mundial en la producción y venta de mercurio virgen, aunque tuvo que reducir su producción para mantener los precios del mercado.
            En 1982 se creará la empresa pública Minas de Almadén y Arrayanes S.A. Debido a las directrices europeas y al cambio de mercados, la explotación de la mina cesó definitivamente en el año 2003, acabando de este modo una actividad minera casi continua desde el S. IV a.C.

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