El seguimiento arqueológico llevado a cabo ha cumplido con precisión su triple objetivo inicial: garantizar la conservación de posibles estructuras enterradas, recuperar niveles de uso históricos en las zonas de intervención, y documentar las secuencias estratigráficas aparecidas durante el proceso de desescombro.
Para la realización del seguimiento, partíamos de la base de que, en un edificio histórico como el del castillo de Ponferrada existe una evidente vinculación entre la estratigrafía muraria y la de subsuelo, complementarias entre sí y, por tanto, indisociables. En virtud de este principio, elemental pero frecuentemente ignorado, resultaba de capital importancia el análisis estratigráfico de los lienzos implicados, que se ha llevado a cabo paralelamente al desarrollo de la obra.
En la ronda del Sil la información estratigráfica obtenida durante el desescombro ha resultado claramente insuficiente para conocer la evolución completa de ese sector de la fortaleza, si bien la estratigrafía muraria de la zona ha permitido establecer, a grandes rasgos, algunas etapas constructivas.
Por el contrario, en el caso de las rondas Alta y Baja ha sido posible, según el criterio enunciado, interpretar una parte de la estratigrafía muraria en relación con la del subsuelo, lo que nos ha permitido establecer una primera hipótesis acerca de la evolución constructiva de este sector de la fortaleza.
La secuencia estratigráfica documentada en dicha zona se halla en perfecta consonancia con la evolución tipológica de los aparejos históricos analizados, y ambas confirman, a su vez, la validez del esquema evolutivo establecido para este sector de la fortaleza por el Estudio Técnico Histórico (E.T.H.) adjunto a la Fase de Estudio y Diagnóstico del Plan de Viabilidad. Gracias a semejante coincidencia, hemos podido identificar, e incluso fechar con toda precisión, muchas de las reformas detectadas en esta zona durante el desescombro:
1/ Fortificación de principios del s. XIII. Según refiere Luengo (1996: 73), la orden del Temple debió de establecerse en Ponferrada hacia el año 1178, por concesión de Fernando II de León. Por otra parte, una escritura de la Catedral de Astorga citada por este mismo autor (LUENGO, 1996: 74) afirma que la villa se hallaba fortificada ya en 1226, reinando Alfonso IX. Entre ambas fechas, por tanto, debió de construirse la cerca primitiva, cuyo trazado coincide en líneas generales con el de la actual muralla alta. Durante este periodo, las rondas Alta y Baja no existían como tales, pues las estructuras que contribuyen a su configuración (el complejo palacial y la muralla baja, respectivamente) no se construyeron hasta el siglo XV. No obstante, el desescombro de la Ronda Baja y el análisis estratigráfico de la muralla alta nos han permitido identificar, en el paramento estudiado de esta última, hasta cuatro tramos de la cerca primitiva.
2/ Obras de Pedro Álvarez Osorio (1440-1483): Durante la tenencia de Pedro Álvarez de Osorio se acometieron numerosas reformas en la fortaleza. Según la hipótesis planteada por el E.T.H, las obras se desarrollaron en tres fases: durante la primera (1440-1467) se mejoraron las defensas del castillo para hacer frente a las pretensiones de la familia Manrique, a la que el Osorio había arrebatado la villa de Ponferrada hacia 1440; en la segunda, tras el cerco impuesto por los irmandiños en 1467, se reforzó la fortaleza, adaptándola mejor al empleo de artillería; la tercera, bajo influencia castellana, respondería a la presencia del signo "tau", asociado a un cierto cambio de aparejo (COBOS, 1995: 35-36):
1ª fase (1440-1467). A ella pertenecen las torres de Cabrera y Malpica, la barrera o muralla baja original , y el pavimento del primer momento de uso de la Ronda Baja. Destrucciones intermedias: el cerco irmandiño de 1467. Según refiere el Estudio Técnico Histórico, en el año 1467 los irmandiños atacaron las posesiones de los Osorio, llegando a cercar el castillo de Ponferrada, en el que debieron de producir diversos destrozos (COBOS, 1995: 28). En la zona estudiada hemos detectado dos grandes destrucciones, prácticamente simultáneas, atribuibles en principio a este episodio bélico:
2ª fase: desde 1468. Se repararon los tramos de las murallas alta y baja afectados por el cerco irmandiño, añadiéndose una nueva torre a la barrera (Malvecino). Además, se recreció notablemente el nivel de uso de la Ronda Baja, al tiempo que se construía una atarjea subterránea para evacuación de las aguas de superficie de uno de los patios interiores de la fortaleza. La construcción del Complejo Palacial, acometida durante esta segunda fase, supuso el surgimiento como tal de la Ronda Alta, al llevarse a cabo la colmatación constructiva del espacio existente entre el nuevo conjunto y la muralla alta.
3ª fase: hasta 1483. En un momento posterior a la creación de la Ronda Alta, se debió de producir algún tipo de accidente (1056-3067) que arruinó gran parte de la coronación de la muralla alta. La consiguiente reparación de la zona afectada tuvo lugar durante lo que podemos considerar como tercera fase de las obras de Pedro Álvarez de Osorio Esta reparación fue llevada a cabo mediante la construcción de un lienzo corrido que, como consecuencia de diversas destrucciones posteriores, quedó fragmentado en tres tramos discontinuos.
3/ Edad Moderna: Los únicos restos cerámicos claramente datantes proceden de los sondeos practicados en los pasillos de la Ronda Baja bajo la torre de Cabrera y junto a Malvecino. Gracias a dichos restos, a las secuencias estratigráficas documentadas en ambos sondeos, y a ciertos paralelismos observados entre algunos aparejos, podemos atribuir a época moderna una serie de reformas que afectan a los pasillos mencionados, y que se distribuyen en tres fases sucesivas.